La nueva física del poder
Las guerras son un crisol que muy a menudo expone cambios en la física del mundo que nos rodea: quién tiene el poder, quién no lo tiene y cómo se está ejerciendo el poder
Por Thomas L. Friedman, The New York Times.
Si escribiera un libro sobre la guerra de Estados Unidos con Irán, sabría exactamente cuál sería el título. Sería la publicación del presidente Donald Trump en las redes sociales del 5 de abril de 2026, dirigida a los líderes de Irán: “Abran el [grosería] Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el infierno... ¡SOLO OBSERVEN!”.
Las guerras son un crisol que muy a menudo expone cambios en la física del mundo que nos rodea: quién tiene el poder, quién no lo tiene y cómo se está ejerciendo el poder. Nada capta mejor la nueva ecuación de poder producida por esta guerra que la diatriba desquiciada y obscena de Trump hacia los líderes iraníes por no doblegarse ante sus bombas.
Esta nueva física de la guerra también está presente en los conflictos entre Ucrania y Rusia, Hezbolá e Israel, Hamás e Israel, y los hutíes y todos los demás. Mi resumen de esta nueva dinámica es que los pequeños ahora pueden actuar en grande, con mucha precisión y de forma muy económica. Y aunque los grandes también pueden actuar en pequeño, con mucha precisión, les resulta mucho más caro hacerlo mientras soportan la carga de vastos sistemas de armas heredados.
La ventaja neta, por el momento, parece ser para los pequeños. Eso debería quitarte el sueño al pensar en cómo la revolución emergente en inteligencia artificial seguramente potenciará esta tendencia, permitiendo a los pequeños actuar a mayor escala, con más fuerza y a un menor costo.
No es sorprendente que Trump esté frustrado. Después de todo, el 11 de marzo, menos de dos semanas después de que él e Israel iniciaran este último episodio de guerra con Irán mediante una campaña de bombardeos a gran escala, Trump declaró: “Hemos ganado. Déjenme decirles que hemos ganado. Ya saben, a uno nunca le gusta decir demasiado pronto que ganó. Ganamos. En la primera hora se había acabado. Pero ganamos”.
Tenía razón en una cosa: nunca digas que ganaste demasiado pronto.
Trump no se dio cuenta de que el gobierno iraní también tiene voz y voto sobre cuándo se gana y se pierde esta guerra. Más importante aún, y a diferencia de Trump, Teherán tenía un Plan B para la mañana siguiente: usar su recién descubierta capacidad de actuar en grande, con precisión y de manera barata para tomar el control del estrecho de Ormuz, a pesar de que su ejército era una pequeña fracción del tamaño del de Estados Unidos y había sido duramente golpeado.
Ojalá pudiera deleitarme viendo a nuestro presidente pomposo, narcisista y constantemente fanfarrón humillado por la realidad. Pero la verdad es que no, porque esto se está volviendo aterrador. Y va a empeorar. Los iraníes han infligido un daño real a Estados Unidos (en el campo de batalla y en nuestra economía), cuya magnitud tanto Trump como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, han estado ocultando.
Irán ha estado bajo sanciones económicas, de manera intermitente, desde 1979. Sin embargo, ha logrado desarrollar un arsenal de misiles y drones sofisticados pero relativamente económicos que le ha permitido pelear tanto contra Israel como contra Estados Unidos hasta llegar a una especie de empate, y en el proceso ha causado daños significativos a los activos militares estadounidenses en la región. Revisemos tan solo algunas noticias de las que quizás no te hayas dado cuenta.
La razón por la que el principal portaviones de Estados Unidos en el golfo Pérsico, el USS Abraham Lincoln, en ocasiones se ha quedado sin suministros suficientes para sostener a su tripulación de casi 5700 personas es que, después del primer día de la guerra, los misiles iraníes y los drones de ataque destruyeron gran parte de la base de suministros de Estados Unidos en Baréin. “Mientras se reducía a cenizas, también lo hacía un importante centro logístico del que la Armada ha dependido durante décadas”, informó el Times. Esto obligó a Trump y al aún más engreído Hegseth a depender en mayor medida de una base bajo mando británico en la isla de Diego Garcia como su centro de suministros, la cual está a unos 4345 kilómetros de Baréin. ¿Cómo es que la base en Baréin estaba tan desprotegida contra los misiles iraníes en el primer día de la guerra? Si eso no es motivo suficiente para arrastrar a Hegseth ante el Congreso, no sé qué lo sea.
O tal vez te perdiste esta noticia en la revista Defence Security Asia que comentaba un informe de CNN sobre que, en algún momento de los primeros días de marzo, un misil iraní destruyó un radar de 500 millones de dólares que era vital para operar un sistema de defensa antimisiles avanzado THAAD (Defensa Terminal de Área a Gran Altitud) en la base aérea Muwaffaq Salti en Jordania. El ataque señaló “un momento potencialmente transformador” en la “contienda estratégica” entre Irán, y Estados Unidos e Israel, según la revista.
Un alto funcionario jordano me dijo que quedó atónito al enterarse de que los iraníes de alguna manera lograron enviar su misil hacia el sistema de radar del THAAD maniobrándolo —en pleno vuelo— para realizar un ataque por el flanco sobre el radar y evadir la detección y la intercepción. ¡Esto fue en contra del sistema antimisiles más sofisticado del arsenal estadounidense!
John Arquilla, profesor emérito de análisis de defensa en la Escuela Naval de Posgrado de Estados Unidos, me explicó que la guerra de misiles ya no solo es cuestión de disparar una ojiva en una trayectoria predecible y luego dejar que la inercia y los sistemas de guía inteligente por GPS la lleven hasta el objetivo. Los rusos han destinado enormes recursos en la construcción de misiles con maniobrabilidad en pleno vuelo, guiados por mejor información en tiempo real, cada vez más impulsados a velocidades hipersónicas y capaces de llegar desde un ángulo que un defensor no ha anticipado. Se informa que los misiles Fattah de Irán tienen esas capacidades, aunque todavía no está claro si fueron ellos o drones los que destruyeron el THAAD localizado a 804 kilómetros de Irán.
“Esto está convirtiendo al misil en el arma predominante del siglo XXI, con el potencial de socavar la disuasión y la estabilidad” en muchos tipos de batallas diferentes, dijo Arquilla, autor del nuevo libro The Troubled American Way of War: from Hiroshima to the Age of Algorithms.
Desde hace varios años, China ha estado desplegando misiles hipersónicos maniobrables DF-17 en sus ejercicios con fuego real en aguas chinas cerca de Taiwán.
El 3 de marzo, dos drones de ataque unidireccionales atacaron el complejo de la embajada de Estados Unidos en Riad, Arabia Saudita, alrededor de la 1:30 a. m. El primer dron voló directamente hacia el piso que alberga la estación de la CIA en la embajada en Riad; el segundo dron voló directamente hacia el agujero de entrada creado por el primero, causando una explosión extensa y un incendio que ardió durante horas. Informes posteriores sugirieron que este ataque iraní podría haber sido ayudado por inteligencia satelital rusa proporcionada por Vladimir Putin. Aparentemente, Trump no ha hecho nada al respecto.
Durante generaciones, señaló Arquilla, las guerras se “ganaban por masa y energía”. La guerra seguía una ley física simple: a mayor distancia disparabas tu proyectil, menos preciso era. Por lo tanto, la distancia debía superarse “con masa y energía”. Hoy no. “Ahora las guerras se ganan con información”, dijo Arquilla.
Ahora incluso los pequeños tienen acceso a la guerra. Solo tienes que observar cómo Hezbolá ha infligido daños significativos a las comunidades israelíes y al ejército israelí, con sus enormes plataformas militares de fabricación estadounidense; cuán gravemente ha ensangrentado Ucrania a una gran y temible Rusia; y cómo Irán está luchando contra Estados Unidos e Israel hasta llegar a un punto muerto, para ver cómo las armas de precisión económicas que se pueden construir en el taller de un sótano con componentes que se pueden encontrar en Amazon han cortado el antiguo vínculo entre alcance y precisión.
Según Arquilla, Ucrania “se ha convertido en una potencia marítima sin una armada tradicional. Ha utilizado barcos no tripulados y motos acuáticas armadas” para alejar a la flota convencional rusa del mar Negro lo suficientemente lejos de la costa de Ucrania como para que pueda seguir exportando su grano y fertilizantes a los mercados mundiales.
Estas nuevas tecnologías permiten a “los muchos y los pequeños”, iraníes, hutíes, Hezbolá, Hamás, “esquivar los fuertes golpes de sus oponentes, porque están bien escondidos y pueden devolver el ataque con golpes precisos propios”, dijo Arquilla. Mientras tanto, las fuerzas armadas estadounidenses solo tienen 11 grandes y pesadas divisiones y 11 grupos de portaviones.
Es por eso que los defensores ahora tienen una ventaja real sobre los atacantes, concluyó Arquilla. Trump y Hegseth siguieron enfocándose en “escalar la guerra hacia arriba”, agregando más ritmo y más tonelaje, y los iraníes se enfocaron en “escalar la guerra hacia afuera”, escondiendo unidades pequeñas con misiles de precisión en más lugares y atacando bases estadounidenses e instalaciones petroleras árabes en todo el golfo.
“Su trabajo es sobrevivir el tiempo suficiente para disparar y huir. En tierra, unas pocas formaciones grandes de tanques Abrams importan menos que los muchos y pequeños con armas baratas que pueden construir y modificar en una semana”, dijo Arquilla.
Estas nuevas armas amplifican otra ventaja que los pequeños tienen sobre los grandes: no tienen que ganar. Solo tienen que evitar perder. Nosotros tenemos que ganar, terminar la guerra, irnos a casa y no mirar atrás nunca más. Buena suerte con eso ahora.
Sin embargo, antes de que los iraníes y Hezbolá se vuelvan demasiado engreídos, deberían recordar la otra mitad de mi ecuación: aunque los pequeños ahora pueden actuar en grande, los grandes también pueden actuar en pequeño. En el primer día de la guerra, los ataques aéreos israelíes con armas de precisión, con la ayuda de la inteligencia estadounidense, mataron a más de 40 altos líderes iraníes reunidos en un encuentro de liderazgo de alto nivel en un solo complejo en Teherán. En otras palabras, con información precisa, Israel aniquiló a gran parte de la élite de seguridad nacional de Irán de un solo golpe.
Y luego sucedió el ataque israelí con buscapersonas a Hezbolá. El 17 y 18 de septiembre de 2024, Israel detonó los buscapersonas y otros dispositivos electrónicos portátiles utilizados por miembros, combatientes, oficiales, médicos y simpatizantes civiles de Hezbolá, lo que mató a decenas de personas e hirió a unas 3 mil más. Según informes, se estima que unos 1,500 combatientes de Hezbolá quedaron fuera de combate debido a sus heridas, que afectaron en su mayoría a sus manos, rostros y caderas. Usando una cantidad relativamente pequeña de explosivos y una enorme dosis de información, Israel mató e hirió a un número significativo de combatientes de Hezbolá en unas pocas horas.
El ataque Stuxnet de Estados Unidos e Israel a la instalación de enriquecimiento de Natanz en Irán que comenzó en 2009 fue otra versión de eso. En lugar de bombardear la instalación, Estados Unidos e Israel introdujeron un pequeño gusano informático, unas pocas líneas de código, para desactivar un gran número de centrifugadoras IR-1 de Irán, aunque las centrifugadoras fueron remplazadas rápidamente y la alteración fue mínima a fin de cuentas. (Estados Unidos e Israel nunca han reconocido su responsabilidad por el virus). Fueron los grandes actuando en pequeño, usando solo malware, pero puedes apostar a que el desarrollo de ese código, y toda la operación conjunta, costó mucho dinero.
Lo que es verdaderamente alarmante hoy en día es lo fácil que se está volviendo para los pequeños actuar en grande, y por “pequeños” no me refiero solo al tamaño, sino también a la edad. Un adolescente con una computadora portátil, una conexión Starlink y un modelo de IA de peso abierto ahora puede interrumpir un sistema de agua o energía municipal al identificar y explotar las viejas vulnerabilidades de software.
Así que no te sorprendas si un día de estos escuchas a tu alcalde hablando como Trump diciendo algo como: “Vuelvan a conectarme el agua, locos...”.
Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre asuntos internacionales. Se unió al periódico en 1981 y ha ganado tres premios Pulitzer. Es autor de siete libros, entre ellos From Beirut to Jerusalem, el cual ganó el Premio Nacional del Libro.