La Nueva Tlaxcala de Guadalupe de Horcasitas
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Los tlaxcaltecas eran indios marineros porque culturizaban a aborígenes de los lugares en donde realizaban sus fundaciones y eran muy útiles porque, además, eran agentes pacificadores
En este año 2026, en el que se inicia la segunda cuarta parte del siglo 21, sigue prevaleciendo la Industria 4.0 como meta preponderante de desarrollo mundial, cuyos componentes se estructuran en red; rememoro con orgullo que los antiguos tlaxcaltecas ya conocían los beneficios de las redes, pues ellos crearon, de 1591 a 1803, una red de Nuevas Tlaxcalas.
Precisamente, en este 2026 se cumplen 270 años de que la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe cambió, en 1756, su nombre a Pueblo de la Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasitas, en honor al entonces virrey Horcasitas, primer Conde de Revillagigedo, enriqueciendo su población con tlaxcaltecas provenientes de las misiones de Purificación y Concepción, ahora Escobedo y Gil de Leyva, respectivamente, en el municipio de Montemorelos; promovidas en 1715 por el capitán Francisco Barbadillo y Vitoria.
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La figura del capitán fue absolutamente importante para frenar los abusos de los encomenderos para con los indios, y congregar a éstos en comunidades. Barbadillo llegó al Nuevo Reino de León desde la Ciudad de México haciendo un viaje a caballo. De acuerdo con el excronista de Guadalupe, don Francisco Arredondo Cano, el 15 de febrero de 1715 el capitán Francisco de Barbadillo y Vitoria, con el poder que le confería el virrey, expropió al encomendero Nicolás Ochoa de Elejalde la Hacienda de San Agustín, que había pertenecido a don Juan de Solís y que había llevado el nombre de Hacienda de la Santa Cruz, en el área de lo que ahora es el centro de Ciudad Guadalupe, Nuevo León. En esta propiedad se fundó el 4 de febrero de 1716 la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, fundación propiciada por el capitán Barbadillo y Vitoria, cuya historia y contribuciones a la colonización merecen la edición de un libro.
Arredondo Cano consideró que, aunque la mayor parte de los pobladores iniciales de dicha Misión eran chichimecos, el hecho de que tuviera un cabildo de estilo tlaxcalteca denota que en esta fundación hubo personas provenientes de Tlaxcala. Por este último acontecimiento, el día de hoy la Presidencia Municipal de Ciudad Guadalupe organizó la presentación del libro “Guadalupe: 310 años de Grandeza y Valor”, que promovió la incansable Laura Paula López Sánchez, quien funge como secretaria del Ayuntamiento. Mañana lunes, junto al ingeniero Erasmo Garza, cronista oficial de Ciudad Guadalupe, y al ingeniero Leopoldo Espinosa, cronista oficial de Monterrey, estaré en calidad de presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de las Nuevas Tlaxcalas en un importante conversatorio sobre los tlaxcaltecas como colonizadores del noreste de la Nueva España, hoy noreste de México.
La diáspora tlaxcalteca de las 400 familias se realizó entre el 6 y el 9 de junio de 1591, mismas que salieron del pequeño valle que existe entre el Convento de Nuestra Señora de las Nieves –aún en pie– y el río Zahuapan, levantándose un padrón de ellas de acuerdo con su lugar de procedencia. Fueron más de 100 carretas y cerca de mil personas las que se transportaron en ellas.
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La diáspora fue el resultado de las capitulaciones celebradas el 14 de marzo de 1591, entre la República de Tlaxcala y el rey Felipe II, a través del virrey don Luis de Velasco, entonces autoridad en la Nueva España; y los representantes de los señoríos de Tepeticpac, Ocotelulco, Quiahuiztlán y Tizatlán. Todas las Nuevas Tlaxcalas contaban con una estructura política compuesta por un gobernador, dos alcaldes, dos regidores, un procurador y un fiscal de la iglesia.
Los tlaxcaltecas eran indios marineros porque culturizaban a aborígenes de los lugares en donde realizaban sus fundaciones y eran muy útiles porque, además, eran agentes pacificadores. Los tlaxcaltecas llevaban consigo sus devociones religiosas. El pueblo de la Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasitas, ahora Ciudad Guadalupe, no fue la excepción, pues introdujeron la veneración del Señor de la Expiración. En Saltillo se sigue venerando al Señor de la Capilla.