La promoción de la lectura: Paco Ignacio Taibo II
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Considero que el Fondo de Cultura Económica liderado por Paco ha superado, con creces, al gran precursor José Vasconcelos
En diciembre del 2025 y ahora en enero del 2026 estamos observando un fenómeno extraordinario de fomento a la lectura, increíblemente ambicioso. El Fondo de Cultura Económica está regalando a jóvenes de entre 15 y 30 años dos millones y medio de ejemplares de 27 autores escogidos. Se reparten ya en diez países, incluyendo Argentina, Guatemala y Colombia. Cada país recomendó la impresión de algunos de sus propios autores nacionales, de ahí que no haya (como se ha reclamado a Taibo) una paridad entre autoras y autores. Por México van tres mujeres y dos hombres; Uruguay propuso a tres varones, y así. Algunas de las mujeres escogidas son Amparo Dávila, Alaide Foppa, Elena Garro, Josefina Vicens, y otras. Entre los varones están Roque Dalton, Juan Gelman, García Márquez, Mario Benedetti, Onetti y Galeano.
Se preguntará: ¿por qué no aparecen los grandes, como Rulfo, Borges o Vargas Llosa? Porque las editoriales o los herederos no quisieron ceder sus derechos. Por lo pronto, esos libros se entregarán gratuitamente. ¿Puede cada joven quedarse con los 27? No, por supuesto. Tomará dos; si su novio escoge sus dos, lo que se pretende es que haya intercambios.
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Algunos países están felices con este obsequio, tanto que sus presidentes realizarán la promoción y entrega: lo hará Petro, ya lo hizo Sheinbaum y también Bernardo Arévalo en Guatemala. ¿Qué sucederá con países con los que México tiene conflictos, como Ecuador, Perú o Argentina? En los dos primeros se regalarán en las librerías del Fondo o en las embajadas; y en lo que toca a Argentina, donde Milei se opuso, lo hará, con demasiado entusiasmo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, comprometiéndose a enviar los libros a otras ciudades. ¿Se regalarán en Cuba y Venezuela? Claro que sí, como también en Estados Unidos. En donde haya una librería del Fondo se donarán. Hay una en Los Ángeles, por ejemplo, pero también se compartirán con círculos de lectura de chicanos de otros lugares.
Usted se preguntará por el pretexto de esa donación a los jóvenes. No estoy seguro, pero en una investigación se encontró que ahora leen más que antes los niños y los viejos. Ni modo, algo sucede y esta promoción intentará llenar vacíos. Muchos estudiantes, me consta, no compran libros porque no les alcanza el dinero: pagan colegiatura, transporte, alimento y demás. Pero quizás haya otros factores. Deberían hacerse de un acervo maravilloso yendo por su par de libros e intercambiándolos con sus amistades o compañeros de clase.
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Según declaró Paco Ignacio Taibo, existen 24 mil clubes de lectura en la República Mexicana. Y no es que él las haya promovido. Una buena cantidad se había organizado entre amigos, con alguna maestra, en grupos de médicos, entre pintores, etcétera. En un reciente libro de la mujer más leída en el mundo en estas fechas, me refiero a Irene Vallejo –que ha sido traducida a 30 idiomas y ha vendido seis millones de ejemplares de su obra más conocida–, ella tiene un pequeño artículo que se intitula “Club de Lectura”. Dice que “pequeños grupos de soñadores imaginan el futuro al calor de los libros, convirtiendo la literatura en conversación, amistad y hallazgo”. Añade que el primer grupo de lectura se creó en el siglo quince.
Tengo una crítica: pertenezco a la cuarta o quinta edad, ni modo, y quedo excluido de la lectura de algunos de esos autores que no existen en el mercado, como el de un poeta chileno, el de Alaíde Foppa, el de Carlos Montemayor, y otros. No los quiero regalados, puedo comprarlos, pero no los hay. Fuera de mi problema, considero que el Fondo de Cultura Económica liderado por Paco ha superado, con creces, al gran precursor José Vasconcelos, quien fue el promotor de las escuelas rurales, imprimió los clásicos mundiales, desde Platón, pasando por Tolstói, los Evangelios, Homero, Eurípides, entre otros. Vasconcelos terminó mal: se convirtió abiertamente al nazismo. Pero no puede negarse su magna obra educativa.