La próxima revolución cubana podría ser pacífica
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La campaña de presión de Trump ha sumido al país en una crisis humanitaria grave y ha incrementado significativamente el riesgo de migración no controlada por vía marítima hacia Estados Unidos y México
Por Roberta Lajous, Copyright: Project Syndicate
CIUDAD DE MÉXICO- Desde que las fuerzas de Fidel Castro derrocaron el régimen de Fulgencio Batista en 1959, Cuba ha sido un paradigma revolucionario para la izquierda latinoamericana y el talón de Aquiles de la política exterior de Estados Unidos en la región. Mientras la caída del régimen ha sido anunciada con frecuencia sin llegar a término, la situación podría cambiar ahora que el presidente Donald Trump ha tomado control de la industria petrolera de Venezuela, permitiendo a su gobierno establecer un bloqueo de combustibles fósiles a Cuba.
Aunque Trump alivió recientemente las restricciones sobre las ventas de petróleo a empresas privadas en Cuba, su campaña de presión ha sumido al país en una crisis humanitaria grave y ha incrementado significativamente el riesgo de migración no controlada por vía marítima hacia Estados Unidos y México.
Florida, el estado más cercano a Cuba, podría manejar un éxodo a una escala mayor que la del Mariel de 1980, cuando alrededor de 125,000 cubanos llegaron a Miami tras el breve levantamiento de la prohibición de emigración por parte de Castro. Pero podría causar una conmoción política, por la agenda antiinmigrante de Trump. La península de Yucatán, otro destino importante para los migrantes cubanos, carece de los recursos para dar la bienvenida a todos los que huyen de la isla, tal como ha sido evidente en los últimos años.
Para aliviar el sufrimiento de los cubanos y prevenir una nueva crisis migratoria, se requieren medidas urgentes e innovadoras. En lugar de amenazar con una “toma amistosa” de Cuba, el gobierno de Estados Unidos debería posicionarse como un posible socio comercial. Esto requeriría levantar el embargo comercial, que el ex presidente Barack Obama intentó hacer, aunque las divisiones partidistas frustraron su esfuerzo.
El momento es propicio para un enfoque similar. Con una revisión conjunta obligatoria del Acuerdo entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA) programada para los próximos meses, sus miembros deberían considerar invitar a Cuba a unirse. El turismo es la principal fuente de ingresos de la isla, y más de la mitad de sus visitantes anuales provienen de estos tres países. Además, los líderes cubanos han expresado su disposición para buscar inversión. Estos factores, junto con el riesgo de descomposición social, podrían ser suficientes para obligar a Cuba a lanzar una transición hacia una economía de mercado bajo un marco legal predecible.
Dicha transición no es desconocida. Consideremos, por ejemplo, la exitosa integración a la Unión Europea de los países que fueron comunistas de Europa Central y del Este en las últimas décadas. La perspectiva de la membresía en la UE creó enormes incentivos dentro de estas sociedades para el cambio interno. La liberalización del mercado, por supuesto, generó dificultades, pero la mayoría de estos países ahora están mucho mejor como resultado de las reformas, con Polonia emergiendo como una de las economías de mejor desempeño de la UE en los últimos años. La ampliación fue beneficiosa no solo para el mercado europeo, sino también para la seguridad regional.
Comparado con Europa, América del Norte tiene afinidades culturales más fuertes, que incluyen tres idiomas principales (inglés, español y francés). A pesar de las guerras libradas entre los tres países en el siglo XIX, existe un sentido común de pertenencia a un nuevo mundo que luchó contra el colonialismo.
Además, la vigencia desde 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) fortaleció la cohesión y mejoró el nivel de vida en los tres países miembros del acuerdo. Trump, que buscó terminar con el NAFTA en su primer mandato antes de darse cuenta de que eso sería un suicidio político, lo reemplazó en 2018 con el USMCA, que endureció las reglas de origen para el comercio de mercancías.
Como resultado, México se convirtió en el principal socio comercial de EE. UU., con Canadá muy cerca, y los tres países están ahora más integrados que previo a Trump estuviera en el cargo, colocándolos en una mejor posición para competir con China. Esto sigue siendo cierto a pesar de la retórica beligerante de Trump contra los vecinos de América y la imposición de altos aranceles en su segundo mandato. De hecho, México y Canadá han enfrentado relativamente bien la introducción de aranceles, dado que los productos que cumplen con las normativas del USMCA están exentos.
La administración de Trump actualmente enfrenta varios desafíos. Los precios siguen siendo altos previo a las elecciones de mitad de periodo, y la guerra de Estados Unidos e Israel con Irán amenaza con exacerbar las preocupaciones sobre el alza en el costo de la vida para el electorado. Sumar a Cuba al USMCA crearía un mercado más grande, mejoraría el acceso a los minerales críticos que ya están siendo explotados por compañías canadienses, y aseguraría la trasformación de Cuba a una economía de mercado sin recurrir al uso de la fuerza.
Así como la visión anticomunista radical del presidente Richard Nixon le dio la cobertura política necesaria para abrir relaciones con la República Popular de China, las credenciales de extrema derecha de Trump lo posicionan particularmente bien para arriesgar una reconciliación con Cuba. Como hijo de inmigrantes cubanos y con una posición dura en política migratoria, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, también está bien posicionado para lograr este resultado.
En lugar de continuar una política de asfixia económica, Trump y Rubio deberían buscar una ruta más eficaz y ciertamente menos dolorosa: la integración regional. Los cubanos han sufrido demasiado, incluyendo el dolor del exilio y la separación familiar. Puede parecer improbable, pero una nueva revolución pacífica es posible. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Roberta Lajous, embajadora de México en Cuba de 2002 a 2005, es la autora de la Historia mínima de las relaciones exteriores de México y La política exterior del porfiriato (1876-1911).