La red de huachicol que nadie quiere desentrañar
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Los hermanos Farías Laguna están implicados en la trama criminal, pero no son los líderes; ellos eran alfiles que, operativamente, implementaban el plan. Los verdaderos jefes siguen libres e impunes
La semana pasada fue arrestado en Argentina el contralmirante Fernando Farías Laguna, acusado junto con su hermano Manuel Roberto, ambos sobrinos del exsecretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán, de haber implementado una red de ingreso ilegal de combustible en México (huachicol fiscal) a través de los puertos, principalmente los de Altamira y Tampico, pero con operaciones también en otros como Guaymas, Veracruz y Ensenada.
En esta red, los responsables de las aduanas marítimas, bajo mando de personal de la Secretaría de Marina, permitían el ingreso de barcos a los que les caben millones de litros de gasolina, sin pagar los impuestos necesarios, fingiendo que se trataba de otros insumos, como aceites reciclados, los cuales tienen una carga impositiva menor, defraudando con ello a la Hacienda pública. Como contraprestación, los encargados de las aduanas marítimas y muchos oficiales recibían sobornos millonarios.
Una vez que el combustible ingresaba al país, era vaciado en carrotanques y distribuido a todo México, mediante carretera o ferrocarril, hasta gasolineras con concesión de Pemex para ser vendido a consumidores finales. Con este esquema se beneficiaban organizaciones criminales, marinos, políticos corruptos y empresarios, pero sólo un puñado de personas enfrenta investigaciones por el caso.
De hecho, la trama es tan escandalosa que se parece mucho a un guion de Hollywood, ya que, al comenzar a destapar la red corrupta, varios marinos comenzaron a aparecer muertos en las formas más sospechosas posibles. El caso que levanta más dudas es el del contralmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar, quien documentó y denunció esta red, al grado de que se han hecho públicos los audios en donde le informa de los hechos al secretario de Marina de ese entonces, tío de dos de los implicados, Rafael Ojeda Durán, que si bien fingió molestia, no hizo nada por arrestar a los responsables; es más, movió a Guerrero de su adscripción y, unos meses después, apareció muerto.
En un discurso frente a la Presidenta, el actual secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, aseguró que no se toleraría la corrupción y que ellos, como institución, eran quienes la habían dado a conocer. Obviamente, omitió que el oficial que la denunció fue asesinado y que ni siquiera se ha iniciado una investigación por encubrimiento en contra del exsecretario Ojeda Durán.
Todo indica que los hermanos Farías Laguna están implicados en la trama criminal, pero no son los líderes, como se ha querido vender; ellos eran alfiles que, operativamente, implementaban el plan. Los verdaderos jefes siguen libres e impunes, pero sorprende que no se hayan querido llevar las investigaciones más a fondo para dar con los responsables. No sólo se trata de indagar al exsecretario Ojeda Durán, porque lo más probable es que haya muchos más personajes embarrados, algunos de ellos en puestos clave de la política nacional.