La resiliencia de la economía ucraniana
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Cuatro años después, Ucrania sigue en pie, a pesar de más de 13 mil ataques con misiles y 140 mil ataques con drones, desplazamientos masivos, apagones diarios y otras innumerables alteraciones que habrían paralizado a la mayoría de las economías
Por Tatyana Deryugina, Anastassia Fedyk y Yuriy Gorodnichenko, Project Syndicate.
CHAMPAIGN- La invasión rusa de Ucrania en 2022 fue un shock enorme, no sólo porque al final el presidente ruso Vladímir Putin la cumplió, sino también porque muchos (incluido el mismo Putin) esperaban que Ucrania se derrumbaría en cuestión de días.
Pero cuatro años después, Ucrania sigue en pie, a pesar de más de 13 mil ataques con misiles y 140 milataques con drones, desplazamientos masivos, apagones diarios y otras innumerables alteraciones que habrían paralizado a la mayoría de las economías. Como muestra el gráfico 1, tras una contracción de casi un 30 % a principios de 2022, la economía comenzó una veloz recuperación, y el PIB (en términos nominales) ya se está acercando a los niveles de antes de la guerra.
La resiliencia de Ucrania puede parecer milagrosa para los observadores externos (y en muchos sentidos lo es). Pero también refleja factores institucionales y decisiones políticas que hicieron posible para su economía resistir el ataque ruso.
En primer lugar, Ucrania logró una recuperación gradual del control de su espacio aéreo y de sus rutas marítimas. Al principio de la guerra, Rusia podía atacar blancos muy dentro del país sin enfrentar mucha resistencia: al mismo tiempo, con el bloqueo de Odesa y otros puertos del mar Negro, impedía en la práctica a Ucrania comerciar con el mundo exterior. Pero más tarde las defensas de Ucrania se fortalecieron. Los sistemas de defensa aérea Patriot, IRIS‑T y SAMP/T y los aviones de combate F‑16 y Mirage provistos por los aliados europeos le quitaron a Rusia buena parte de su capacidad para lanzar ataques aéreos.
En lo referido al combate marino, Ucrania desarrolló misiles antinavales y vehículos no tripulados que alejaron a la armada rusa de su línea costera y permitieron la creación de un corredor marítimo a lo largo de las costas de Bulgaria y Rumania. Eso le permitió recuperar volúmenes de comercio marítimo similares a los de antes de la guerra, lo que reforzó su recuperación económica.
Además, los desembolsos bélicos actuaron como un enorme estímulo fiscal. El gasto militar pasó de 6 mil millones de dólares en 2021 a 70 mil millones en 2025 (es decir, se destina a la defensa más o menos una de cada tres grivnas). Incluso con un pequeño multiplicador fiscal, este aumento del gasto dio un apoyo sustancial a la demanda agregada y evitó una contracción más profunda.
La ayuda económica internacional también fue esencial para estabilizar desequilibrios económicos. Tras la invasión de 2022, el gasto público se disparó, la producción se desplomó y el déficit fiscal llegó al 25 % del PIB. Sin acceso a los mercados de capital internacionales y con mercados financieros locales poco profundos, Ucrania se vio obligada a recurrir a préstamos y donaciones bilaterales y multilaterales.
El apoyo presupuestario recibido desde 2022 asciende a unos 40 mil millones de dólares anuales. Además de financiar el déficit fiscal, esta ayuda también contribuyó a cubrir un déficit de cuenta corriente cercano al 10 % del PIB, derivado de la importación de energía y material militar y de las restricciones a las exportaciones. Pero otras formas de apoyo internacional han sido igual de importantes. Por ejemplo, la conexión con la red eléctrica de la Unión Europea ayudó a evitar un apagón nacional.
Al mismo tiempo, la actuación del Banco Nacional de Ucrania fue crucial para mantener la estabilidad macroeconómica. Inmediatamente después del ataque ruso, proveyó al país de liquidez, fijó en forma transitoria el tipo de cambio, impuso controles de capital e introdujo medidas de emergencia para evitar un pánico. El resultado fue que a pesar de la extraordinaria tensión, no hubo retiradas masivas de depósitos bancarios ni se derrumbó la moneda. Cuando tras la invasión de 2022 las ayudas internacionales eran limitadas y la inflación llegó al 25 %, el BNU se abstuvo de dar apoyo financiero directo al gobierno. Cuando las condiciones se estabilizaron, suavizó las restricciones, y eso dio a la economía margen para adaptarse.
Esa adaptación se facilitó mediante una asignación de recursos basada en mecanismos de mercado (en vez de mandatos gubernamentales). Incluso en medio del conflicto más destructivo que haya visto Europa desde la Segunda Guerra Mundial, Ucrania no tuvo que racionar alimentos o insumos médicos.
La decisión es resultado de experiencias anteriores. En los primeros meses de la guerra, el gobierno puso límites al precio de la gasolina; eso generó enseguida escasez y largas filas en las estaciones de servicio. Eliminados los controles, el aumento de precios alentó las importaciones e innovaciones en logística. Hay que destacar que a pesar de la destrucción de las principales refinerías de petróleo locales, Ucrania evitó una escasez prolongada de combustible incluso en los momentos más difíciles.
Por su parte, las empresas y los hogares mostraron una capacidad de adaptación extraordinaria. Muchas empresas instalaron generadores para seguir operando durante cortes de electricidad, y los agricultores usaron equipos propios para desminar los campos y mantener la producción en las áreas cercanas al frente. Algunas plantas industriales se mudaron al oeste del país o trasladaron parte de la producción bajo tierra para resistir los ataques con drones. En términos más generales, la actividad económica se reorientó hacia sectores menos expuestos, como la agroindustria y las tecnologías de la información.
Sobre todo, la resiliencia de Ucrania se basa en la conciencia compartida de que una guerra existencial exige sacrificios. La derrota implicaría una ocupación genocida, mientras que la victoria (que algunos interpretan como conservar la soberanía y otros como recuperar las fronteras de 1991) ofrece la perspectiva de ingreso a la UE y prosperidad duradera.
Por supuesto que la economía de Ucrania enfrenta desafíos enormes. Los últimos ataques rusos contra la infraestructura energética mermaron la capacidad de generación de electricidad, que pasó de más de 40 gigavatios antes de la guerra a unos 12 gigavatios en la actualidad. Esto dejó al sistema vulnerable durante un invierno inusualmente frío, y miles de edificios altos en Kiev y otras ciudades pasan largo tiempo sin agua, calefacción o electricidad.
En tanto, las empresas informan de una grave escasez de mano de obra. Como indica la comparación entre la producción real y la potencial en el gráfico 1, la economía está operando casi al máximo de su capacidad, lo que limita el margen para un crecimiento veloz de tiempos de guerra. Por eso se necesitan políticas centradas en ampliar la oferta y aumentar la productividad, dentro de las limitaciones vigentes.
A las tensiones se suma el hecho de que la ayuda externa sigue siendo impredecible e insuficiente. El gobierno estadounidense bajo el presidente Donald Trump suspendió todo el apoyo económico a Ucrania, y el paquete de préstamos por 90 mil millones de euros que aprobó hace poco la UE no alcanza para compensar esa pérdida.
Los sistemas de defensa aérea de Ucrania también siguen siendo muy dependientes del equipamiento estadounidense y de la financiación europea. Como señaló el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, sólo para repeler el masivo ataque ruso del 20 de enero contra Kiev se necesitaron 80 millones de euros (94 millones de dólares) en misiles.
Aun así, la economía ucraniana ha demostrado una notable capacidad de adaptación. Mientras siga llegando la ayuda externa, el país podrá mantener el esfuerzo bélico y obtener así una importante ventaja en lo que se ha convertido en una larga y agotadora guerra de desgaste. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Traducción: Esteban Flamini
Tatyana Deryugina es profesora asociada de Finanzas en la Universidad de Illinois en Urbana‑Champaign. Anastassia Fedyk es profesora asistente de Finanzas en la Universidad de California en Berkeley. Yuriy Gorodnichenko es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley.