La sequía en el mundo, y en México, aparece como algo que disfrazan como imposible

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Opinión
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La desertificación es un proceso mediante el cual los suelos fértiles pierden progresivamente su capacidad productiva debido a factores como la deforestación

El Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía es una fecha que suele pasar desapercibida frente a otras efemérides de mayor impacto mediático; fue el 17 de este mes cuando, incluso por acuerdo general, fue decretado por la ONU. Sin embargo, pocas problemáticas resultan tan determinantes para el futuro de los países como la degradación de los suelos y la escasez de agua. Es un aspecto que incluye variables importantes para la sociedad y para la comunidad. En estricto sentido, es una cuestión económica, social, alimentaria y, sobre todo, política.

La desertificación es un proceso mediante el cual los suelos fértiles pierden progresivamente su capacidad productiva debido a factores como la deforestación, la sobreexplotación de los recursos naturales, las prácticas agrícolas inadecuadas, el crecimiento urbano desordenado y los efectos del cambio climático.

https://vanguardia.com.mx/opinion/espiritu-emprendedor-HP21489529

La sequía, por su parte, representa una reducción prolongada de la disponibilidad de agua que afecta la producción agrícola, la actividad económica y la calidad de vida de millones de personas. Ambos fenómenos están estrechamente vinculados y constituyen una de las mayores amenazas para el desarrollo en el siglo XXI. De acuerdo con diversos organismos internacionales, millones de hectáreas de tierra productiva se degradan cada año, mientras que la disponibilidad de agua dulce disminuye en numerosas regiones del planeta. El problema ya no pertenece exclusivamente a zonas áridas o semidesérticas. Hoy afecta a comunidades rurales, centros urbanos y sectores estratégicos de la economía.

Más allá de los factores naturales, la desertificación y la sequía son también el reflejo de decisiones políticas acumuladas durante muchos años. Durante mucho tiempo, numerosos gobiernos privilegiaron modelos de desarrollo orientados al aprovechamiento intensivo de los recursos naturales sin considerar plenamente sus consecuencias a largo plazo. La expansión de actividades productivas, la falta de regulación, la insuficiente infraestructura hídrica y la limitada planeación territorial han contribuido a agravar la situación.

La crisis del agua pudiera constituir la manifestación más visible de este fenómeno. El acceso al agua se ha convertido en un factor de incertidumbre para familias, productores agrícolas e industrias. Las sequías han afectado cultivos, han reducido la disponibilidad de alimentos, incrementado los costos de producción y generado presiones económicas que terminan repercutiendo en toda la sociedad.

México no es ajeno a esta realidad. Gran parte del territorio nacional presenta condiciones de vulnerabilidad frente a la sequía y la degradación del suelo. Los estados del norte del país enfrentan desde hace años escenarios complejos derivados de la disminución de lluvias, la sobreexplotación de acuíferos y las altas temperaturas. Entidades como Coahuila, Chihuahua, Sonora, Durango y Zacatecas han experimentado de manera recurrente los efectos de una crisis hídrica que impacta tanto a las actividades productivas como al bienestar de la población.

En regiones donde la agricultura y la ganadería representan pilares de la economía local, la falta de agua significa pérdidas que se traducen en afectaciones económicas, reducción de empleos y disminución de oportunidades para miles de familias. Cuando la tierra deja de producir...

Columna: Vía comento

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