La suciedad de las pugnas políticas y el humanismo como agente alentador
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El trabajo municipal en Saltillo sigue su curso con éxito, cumpliendo los programas del Plan Municipal de Desarrollo, pues si pusieran atención a las afrentas de los opositores, caerían en su juego
Javier Díaz González, como alcalde de la capital de Coahuila, ha dado muestras de tener una madurez política que, además de su notable trabajo, lo ha mantenido en la aceptación social y en la del gobernador Manolo Jiménez, no gratuitamente, pues ha sido merecedor de evaluaciones que lo han situado en niveles de primeros lugares dentro del ranking nacional y con incursiones en el ámbito internacional.
Asimismo, su personalidad, como uno de los componentes de su individualidad, le ha permitido ser discreto, aceptando que los reflectores pertenecen ahora al jefe del Ejecutivo, argumento que ha sabido depurar. Este contexto lo empuja a seguir un camino con vista hacia un horizonte que, concatenado con su labor municipalista, lo puede llevar lejos en su carrera pública e ir dejando en el camino a algunos tipos de políticos contemporáneos.
¿Cómo cuáles? Como algunos alcaldes que por su frivolidad y falta de compromiso caen en condición de irresponsables, pues queriendo ubicarse en niveles superiores terminan descendiendo y mostrando una careta de acomplejados.
La caja de Pandora terminará por corroborar el haber instituido gobiernos fallidos. Esas actitudes, carentes de fortaleza y peso político, tarde o temprano ponen barreras a pretensiones con más altura de la que realmente ostentan, ya que es difícil encajar en lugares que, por su inexperiencia, los rebotan.
Mientras tanto, en el arduo trabajo de la actividad municipal, de la que se va dejando evidencia, nos damos cuenta de que, por fortuna, surgen momentos que rompen con el ambiente de frialdad ocasionado por el tráfago cotidiano, a veces manchado por pugnas políticas con las que hay que enfrentarse, ya que en la actualidad acechan envidias de personajes pintados de morado –digo pintados, tomando en cuenta que su pigmentación no es natural, sino artificial–, que aprovechan su anexión a esa línea con el objeto de obtener beneficios.
Entretanto, el trabajo municipal capitalista sigue su curso con éxito, cumpliendo los programas del Plan Municipal de Desarrollo, pues si pusieran atención a las afrentas de los opositores, caerían en su juego; por eso se les prefiere ignorar.
Entre todo ese trajinar diario, hay programas que por ventura aportan una atmósfera de humanidad, como en el caso de su esposa, la señora Luly López, quien ha dado un rayo de esperanza a personas modestas con autismo (TEA) –condición que desgraciadamente ha llevado incrementos cuantitativos–, al dar cauce a un programa cuyo fin es ayudarlas a vivir con determinada calidad de vida y que, por extensión, aligera también la vida de sus familiares cercanos, ofreciéndoles una vida más estable.
Su empeño por el auxilio a las personas vulnerables no es de ahora, ni lo hace con el fin de adquirir fama de bienhechora, pues su esencia la ha impulsado a practicar un humanismo atávico que corre por su sangre.
Este programa es uno más de los que ha emprendido Luly como presidenta honoraria del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Saltillo. Sus esfuerzos han dado buenos resultados, contribuyendo a aliviar dificultades que, sin ayuda oportuna, pueden incrementarse por derivaciones del mismo padecimiento, por lo que la actuación de ese organismo se convierte en el salvador de sus angustias.
Disculpe usted, amable lector, pero en esta ocasión he querido apartarme de una narrativa en materia política de la que me he ocupado durante años, señalando algunas observaciones que he considerado prudente hacer, y que ahora, con el objetivo de dar un respiro relajador a todos los que me hacen el favor de leerme, he deseado abordar este tema que, además de ser justo destacarlo, muestra caminos tranquilizadores, y que no quise manchar con las frivolidades de la política.
Se lo digo EN SERIO.