Las amistades peligrosas de Claudia Sheinbaum

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Opinión
/ 30 mayo 2023
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En la política los intereses son los que prevalecen, a pesar de que en el imaginario de algunos piensen que es el oficio para el bien común. La realidad se impone y lo que se tiene son personas, organizaciones y proyectos que se movilizan o activan a partir de intereses no de ideales. En el oficio la simulación y el engaño van de la mano, aunque siempre debe haber espacio para hacer algo por los más y así dar curso a la esperanza.

Los intereses van acompañados de los interesados. Toda persona encumbrada lo padece, mucho más en la política. A veces se construyen relaciones recíprocas como el caso del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, muy dado al pleito callejero y Rubén Moreira, un estratega habilidoso y sofisticado en la política para ganar beneficio personal. Por su parte, Marko Cortés tiene inclinación por Santiago Creel, no está mal, la cuestión es que el primero debe administrar una competencia en la que el segundo es parte interesada.

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El caso de Claudia Sheinbaum es de pronóstico reservado. No son pocos quienes la ven como segura candidata presidencial y eso significa que sean muchos los que por oportunismo den su incondicional adhesión. El problema es que como en política casi no hay reserva a derecho de admisión (AMLO lo tenía, pero lo perdió en 2018), todos son bienvenidos. Dos casos recientes de importantes adherentes denigran a la aspirante: el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García y la de Campeche, Layda Sansores.

Cuitláhuac ha sido entusiasta promotor del porrismo contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Sabe que el presidente le respalda y con ello se recrea con una acción sin precedente en la historia política mexicana. Un gobernador con sus acarreados para enfrentar al Poder Judicial Federal en su propio recinto, acompañada de la cobarde agresión a la ministra presidenta. El responsable es el presidente López Obrador, la cuestión es que toda persona, más un funcionario electo de otro orden de gobierno, debe tener sentido de los límites, de la vergüenza y de la dignidad. No es el caso del mandatario de Veracruz.

Lo emprendido por la gobernadora de Campeche con su espectáculo Los Martes del Jaguar no es sino muestra de elemental descomposición política. Desde allí ha divulgado humillantes e ilegales intervenciones telefónicas y grabaciones contra su antecesor Alejandro Moreno. Ha sido reconvenida por el Poder Judicial Federal, lo que ha ignorado olímpicamente. También ha hecho lo propio con el entonces presidente del INE, Lorenzo Córdova y ante correligionarios como el presidente del Senado, Ricardo Monreal y el Secretario de Gobernación.

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Ambos mandatarios tienen la condición de golpeadores. Se entiende que eso viene bien en estos tiempos y el mejor ejemplo es el del presidente de la República, prácticamente en cada comparecencia mañanera. Puede pensarse que eso es normal o es lo que requiere el país y la política. Difícil así sea, más aún, es prácticamente imposible que el peculiar estilo personal de gobernar del presidente López Obrador se reproduzca en el tiempo porque dejará de tener eficacia. Un ejemplo ilustrativo es el aspirante presidencial en EU Ron DeSantis, gobernador de Florida, quien al asumirse en su arranque como un Donald Trump recargado ha tenido un despegue desastroso. El populismo descansa en el carisma del líder, por lo mismo no hay copias, no hay segundas partes exitosas.

El mejor respaldo a López Obrador no viene de sus modos alejados de la civilidad política y que lo hacen un gobernante abusivo, peleado con la realidad y rencoroso. El tema de fondo no es la forma, sino la sustancia y eso es lo que más debe preocupar y ocupar a quienes aspiran a sucederle. Mimetizarse con él no sólo es infructuoso, sino que los despoja de sus atributos que para el caso de Claudia Sheinbaum es más que evidente.

Al igual que en el pasado priista los aspirantes juegan en un doble plano. Por una parte, ser consecuentes con el líder político del proyecto y, por la otra, acreditar una personalidad propia a manera de dar continuidad de lo que es común. Las amistades peligrosas de Claudia no sólo acreditan descuido, sino la sospecha de la frágil lealtad que acompaña al oportunismo disfrazado de incondicionalidad.

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Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

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