Las comidas de estas gentes
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En la época en que el Tunal Grande ofrecía demasiados frutos, cortaban miles y las secaban al sol. Una mujer podía cargar las tunas secas en una red. Al llegar a sus aduares, las molían en morteros
El título se lo tomé al capitán Alonso de León, quien escribió un interesante libro en la década de 1640. Ahí empezó mi interés por conocer y comprender lo que los nómadas podrían haber encontrado como alimento, lo cual explicaría su estatura y fuerza, descritas por Pedro de Ahumada Sámano en su carta a Felipe II en 1560. De estas lecturas surgieron hipótesis sobre su dieta. Es evidente que tuve que distinguir entre distintas regiones y bandas indígenas, pues no en todas partes de lo que hoy son Coahuila, Nuevo León y Texas ofrecía la naturaleza a los nómadas lo mismo. Creo que debo ejemplificar y enviar al lector interesado a dos libros míos donde menciono el alimento y sus equivalencias nutricionales.
Lo que unifica a todas las etnias es el mezquite, del cual existen varias especies. Este aportaba lo más importante de los requerimientos de proteínas, grasas, fibras y carbohidratos indispensables, no sólo para vivir, sino para tener la capacidad de su reproducción biológica y la fuerza suficiente para recolectar frutos, cazar animales, pescar y, si se daba el caso, enfrentar enemigos, fuesen indígenas o españoles.
Podríamos decir que una fruta importante era la tuna. Y sobre esta me veo obligado a precisar lo que jesuitas y franciscanos que vivieron con ellos, tratando de convertirlos al cristianismo, comentaron. Comían las tunas como lo hacemos nosotros: como fruta rica en carbohidratos. Pero eran inteligentes. En la época en que el Tunal Grande ofrecía demasiados frutos, cortaban miles y las secaban al sol. Una mujer podía cargar las tunas secas en una red. Al llegar a sus aduares, las molían en morteros en la roca viva y con esa harina, que a veces mezclaban con mezquites o huesos, confeccionaban tortas que ponían en el horno más primitivo: brasas abajo, brasas arriba, y obtenían su pan (afirma un fraile en 1737: “Durábales hasta un año y era muy sabroso”). Debo añadir que en la tuna hay proteínas, pero inaccesibles a nuestro modo de comerlas, puesto que se encuentran al interior de las semillas y las expulsamos. Ellos, en cambio, tenían acceso a proteínas, vitaminas, grasas, fibras y azúcares, todo lo indispensable para la vida.
Mencioné diferencias, las explico. En lo que ahora es Saltillo, tenían acceso a muchos frutos, animales y pequeños peces, pero en el invierno sufrían hambre al menos dos meses (los piñones aportan mucho, pero se dan cada cuatro años). Por su lado, en las lagunas de Parras y del Aguanaval, tenían acceso a una alimentación muy rica y permanente: mucho pescado, venados, jabalíes, patos y gansos, tortugas, mezquites y demás. Un jesuita dice que ahí era donde los indios más envejecían: señala varios centenarios.
Alguien me ha preguntado qué comían los que habitaban el desierto. Bien, un grupito de flecheros caminaba hasta la Cíbola; antes debían pedir permiso a las sociedades de la región, que les aprobaban matar un sólo bisonte, el cual podía producirles grandes cantidades de carne, que secaban para trasladarla. Del bisonte o cíbolo tomaban la piel, sus tendones para cuerdas del arco; de la lana de la joroba confeccionaban cobijas y de sus cuernos, pegamento. Tenían un menú razonable. Eran temidos por los otros indios y mucho por los españoles; hablo de bobosarigames, tobosos y gnoopos. Amplío: hay en pleno desierto morteros de hasta 50 centímetros de hondo, lo que significa que lo usaron milenios.
¿Y la dieta de los misioneros? Debieron adaptarse. Cuando lograban convencer a una banda de bautizarse, comían lo que les daban; también recibían del rey novillos y maíz para convencer a los indígenas de mantenerse en la misión.
Como me sucede a menudo, no me da el espacio. Ejemplificaré con un pobre franciscano que todavía no lograba cristianizar “indios tejas” y sufrió hambre. El dato es de 1731 y lo cuenta otro fraile: “La mayor parte del tiempo que estuvo en Texas, su desayuno era un poco de maíz tostado y molido, cocido en agua pura; su comida y cena eran maíz cocido, y tal vez algunos granos de frijoles, sazonados con agua y saltierra; otras veces eran yerbas campestres y raras con grosura de oso o de venado, y hubo tiempo que los cuervos silvestres fueron su único alimento”. Esos indios comían carne, nueces, maíz y muchas frutas.