Las comunidades candelilleras del desierto en Coahuila

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Estas comunidades crearon nuevas relaciones con su entorno y entre ellas, constituyendo así una cultura edificada en una cosmovisión alterna, donde toman de la naturaleza sólo lo necesario

En la introducción del libro “Las Comunidades Candelilleras y Oreganeras del Desierto en Coahuila”, coescrita por Ángel Amezcua, Guillermo Hernández, Carlos Víctor Muñoz y Francisco Covarrubias, este último autor plantea la intención de convertir la explotación de la candelilla (Euphorbia antisyphilitica) en objeto de investigación. El interés surgió de la observación de las peculiaridades biológicas de la planta y de saber que México es el único país del mundo que la aprovecha.

La cera que se extrae de la candelilla es muy apreciada en las industrias alimentaria, cosmética, farmacéutica y electrónica por su inocuidad, fácil digestión, dureza y brillo. De este modo, los autores exponen que la investigación se enfocó en resolver tres problemas básicos: 1) qué bacterias endofíticas promueven el desarrollo de esta especie, 2) cuáles son las condiciones de regeneración de la planta a partir de su raíz y 3) en qué condiciones socioeconómicas se realiza su explotación.

La mente, la biología y la energía están profundamente relacionadas

El texto está dividido en cuatro partes. Primero, presentan una caracterización biológica del orégano y la candelilla. En los capítulos dos y tres ofrecen una explicación detallada de las condiciones socioeconómicas, así como de las cosmovisiones de los candelilleros y los oreganeros de Coahuila. Al final, abordan una serie de reflexiones sobre los retos teóricos y sociales que estas comunidades arrojan.

En el apartado de la caracterización biológica, además de precisar que México ocupa el decimocuarto lugar en el mundo por su tamaño, se aclara que la zona árida y semiárida abarca la mitad del territorio nacional, donde se extienden los dos desiertos de Norteamérica: el chihuahuense y el sonorense. Esta parte ha sido muy poco aprovechada e investigada y, cuando se explota, se ve seriamente afectada debido a su limitada precipitación pluvial, de alrededor de 250 mm.

Ya en la década de los setenta del siglo 20, el ingeniero Gustavo Aguirre Benavides, en su documento “Botánica económica de las zonas áridas y semiáridas mexicanas, específicamente las enclavadas en la llamada zona ixtlera, que comprende parte de los estados de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí y Zacatecas”, advertía sobre el potencial de estas plantas: “...a los posibles y nobles productos a extraer, de la gran utilidad hasta ahora desapercibida, tanto por desconocimiento de sus elementos aprovechables o de su técnica de explotación”.

El trabajo de Covarrubias, Amezcua, Hernández y Muñoz se centra en ejidos de Coahuila, por ser este estado el mayor productor de cera de candelilla. Los autores aclaran que esta no es la única planta que se explota del ecosistema del matorral xerófilo, sino que coexiste con otras especies del semidesierto: el mezquite, utilizado como leña o madera para la construcción; la lechuguilla, empleada para la obtención de fibra para elaborar costales, morrales y lazos; y el orégano, para saborizar los alimentos y obtener aceite, entre otras especies.

La candelilla es un arbusto que crece en regiones donde llueve muy poco y con temperaturas extremas. La cera que genera la procesa como un mecanismo de sobrevivencia y no la produce cuando está verde, sólo cuando se estresa por la falta de agua. Los autores señalan que esta especie presenta cualidades únicas: cuando la sequía se prolonga o agudiza, su explotación se intensifica debido a que los tallos concentran más cera. Para garantizar su conservación, los campesinos no sacan la planta completa; dejan una parte con raíz para que se reproduzca.

La pelota no entra por azar

En los ejidos candelilleros, plantean los autores, las relaciones sociales son, de hecho, vínculos familiares que llenan la totalidad de la vida social. Debido a estos lazos tan fuertes, el trabajo que se realiza en el ejido adquiere carácter colectivo. Las comunidades candelilleras crearon también nuevas relaciones con su entorno y entre ellas, constituyendo así una cultura edificada en una cosmovisión alterna, donde toman de la naturaleza sólo lo necesario.

Esta comunidad candelillera es un ejemplo de una sociedad que vive en una relación armónica e inmediata con la naturaleza, por lo que hay mucho que aprender de ella frente a una visión global que le apuesta a la explotación indiscriminada de recursos naturales. Conocer más de nuestros recursos naturales nos permite generar empleos, comunidad e identidad.

jshv0851@gmail.com

Columna: Fractalidades

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM