Las consecuencias de un calentamiento global superior a 1.5 °C
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Superar una frontera climática importante puede generar condiciones tan hostiles que incluso cambiarían la dirección del desarrollo socioeconómico y obligarían a cientos de millones de personas a desplazarse
Por Nicholas Stern, Project Syndicate.
LONDRES- Ya es un hecho que el aumento de la temperatura media global superará los 1.5 °C, de modo que no alcanzaremos el objetivo más ambicioso del Acuerdo de París (2015). Esto nos obliga a elaborar un plan para el manejo de las consecuencias (con más énfasis en la adaptación, las medidas de reparación de pérdidas y daños y la geoingeniería) y al mismo tiempo redoblar esfuerzos en pos de reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).
Según un preocupante nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el calentamiento global a fines de este siglo puede llegar a 1.8 °C (suponiendo que los gobiernos cumplieran todos los compromisos climáticos que ya han formulado) o incluso a 2.6 °C si se mantienen las políticas actuales. En cualquier caso, superar los 1.5 °C expondrá al mundo a graves consecuencias, entre ellas olas de calor más frecuentes e intensas y períodos de lluvias torrenciales en muchos lugares. También nos acercará a traspasar “puntos de inflexión” detrás de los cuales esperan riesgos mucho mayores, como la desestabilización de los casquetes polares de Groenlandia y la Antártida occidental.
Aunque los daños se sentirán primero y con más fuerza en los países más pobres, este verano boreal fue la prueba de que ni siquiera países ricos como el Reino Unido están preparados para los riesgos climáticos que ya se están materializando (por no hablar de los futuros). Mientras no reduzcamos a cero la emisión neta de GEI y no dejen de crecer sus concentraciones atmosféricas, las temperaturas aumentarán y los efectos negativos del cambio climático seguirán agravándose; también crecerán los costos para la humanidad. El objetivo de neutralidad de carbono obedece a razones físicas, no ideológicas.
Los efectos de superar los 1.5 °C exigirán inversiones mucho mayores en adaptación y resiliencia: desde defensas costeras más altas hasta el desarrollo de más variedades de cultivos resistentes a sequía. La urgencia de esas inversiones y los montos globales necesarios serán mucho mayores que si hubiéramos cumplido el objetivo fijado en París.
Pero la adaptación tiene sus límites. Superar una frontera climática importante puede generar condiciones tan hostiles que incluso cambiarían la dirección del desarrollo socioeconómico y obligarían a cientos de millones de personas a desplazarse, cualesquiera sean las medidas de adaptación implementadas.
Cuanto más tardemos en alcanzar la neutralidad de carbono, mayores serán los costos. Para minimizarlos, habrá que invertir más en una reducción veloz de las emisiones, mediante el despliegue de las energías renovables y los vehículos eléctricos, acelerando al mismo tiempo los avances en sectores donde la reducción es más difícil, como el transporte marítimo y aéreo.
Aunque la inversión en las tecnologías necesarias ha registrado un aumento importante, todavía se necesita una aceleración clara y sostenida hacia el abandono de prácticas contaminantes e ineficientes que prolongan el aumento de las emisiones. Hace cinco años la Agencia Internacional de la Energía advirtió de que para limitar el calentamiento a 1.5 °C había que cancelar la puesta en marcha de cualquier proyecto nuevo en el área de los combustibles fósiles, pero muchos productores siguieron ampliando la explotación de sus reservas de petróleo, gas y carbón. En consecuencia, la gestión del cambio climático obligará a inmovilizar todavía más infraestructuras fósiles, con costos reales para los inversores que apostaron por las energías sucias en vez de las renovables.
También hay que tener en cuenta que la dependencia de los mercados internacionales de hidrocarburos conlleva importantes costos. La competencia por los combustibles fósiles provoca conflictos violentos, y la volatilidad de los precios ha causado varias crisis económicas graves. Pero la energía limpia ya es más barata que las alternativas contaminantes en la mayor parte del mundo. Invertir en tecnologías e infraestructuras limpias y eficientes ofrece a los países en desarrollo la oportunidad de generar crecimiento económico sólido, sostenible y resiliente y al mismo tiempo reducir las emisiones.
Aun así, el informe del PNUMA señala que para revertir la senda de calentamiento por encima de 1.5 °C, la neutralidad de carbono será insuficiente y se necesitará un nivel de emisión negativo, es decir, eliminar de la atmósfera mucho más dióxido de carbono del que emitimos. Sumideros naturales de carbono como los bosques se pueden (y deben) extender, pero no es probable que ofrezcan la capacidad total necesaria. De modo que para cubrir el faltante habrá que invertir más en métodos artificiales que permitan extraer y almacenar miles de millones de toneladas de CO2 atmosférico.
También deberíamos analizar el potencial de otras soluciones de geoingeniería, como las que buscan reducir el total de energía solar que llega a la superficie de la Tierra, aunque en esto se necesitan más investigaciones, ya que estas opciones entrañan importantes riesgos y derivaciones éticas. Por ejemplo, enfriar el planeta sin reducir los altos niveles de CO2 en la atmósfera implica acidificar los océanos, con consecuencias que pueden ser peligrosas.
Nos aguardan décadas difíciles. Habrá muchas oportunidades de inversión y crecimiento, pero también graves peligros derivados de la lentitud con que hemos respondido a los riesgos del cambio climático. Debemos enfrentar la nueva realidad antes de superar algún otro límite todavía más peligroso. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Nicholas Stern es presidente del Instituto Grantham de Investigación sobre el Cambio Climático y el Medioambiente y de la Escuela Global de Sostenibilidad de la London School of Economics and Political Science.