Las desviaciones del poder

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Opinión
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“A lo que más le temo es al poder con impunidad. Le temo al abuso del poder y a poder abusar”: Isabel Allende

Siguiendo el pensamiento de Sartori y conforme a los cánones de la doctrina constitucional clásica, una Constitución sólo es válida si impera en un Estado democrático en el que se privilegian los valores sustantivos de la libertad y la dignidad, ya que la función toral es fundamentalmente proteger y garantizar dichos valores a través de la limitación de los abusos que puedan cometer quienes temporalmente tengan a su cargo el ejercicio del poder público en la organización política denominada Estado. Dicho esto, la pregunta de rigor no tiene vuelta: ¿Cuál es el fin del poder político? Como elemento esencial del Estado, el hombre lo concibió como un instrumento ad hoc para generarle BIENESTAR, no para que quienes lo detentan, que son los gobernantes que él mismo elige para ello, le fastidien la existencia. Desde esta perspectiva, entonces, el poder político o autoridad del Estado es sinónimo de dirección. El jurista ecuatoriano Rodrigo Borja, subraya que el poder cumple una función vital, que estriba en darle coherencia al grupo social, en mantenerlo unido, en hacer del mismo una comunidad. Partiendo de estos conceptos, no cabe la disgregación provocada por aquellos que están obligados a crear sentido de pertenencia, de identidad, de espíritu de Nación. El poder público tiene un carácter eminentemente instrumental, si quienes lo ejercen –los gobernantes– lo usan para dañar, estaríamos sin duda ante una utilización degenerada del mismo. En nuestro país, porque deseo hablar de lo que me atañe, de lo que nos atañe, tenemos un listado de lo que han hecho con el poder muchos de los cretinos y huérfanos de madre que han llegado a detentarlo, a grado tal que han logrado que millones de mexicanos abominen cuanto tiene que ver con poder y política, pero lo peor de todo, es que con ello contribuyeron al nacimiento de tres lacras deleznables, de tres lastres de porquería que parecen gozar de vida eterna: indiferencia, complicidad y dependencia.

El poder político, concebido como dirección del Estado, debe utilizarse para el beneficio de la sociedad y para el cumplimiento de los fines colectivos, respetando las reglas y parámetros establecidos para ello. Pero en México NO OCURRE ASÍ. Lo que hemos visto es cómo el poder público es usado en contra de las personas, y hoy, HOY, cuando suponíamos que semejantes prácticas debían de estar sepultadas en la prehistoria, vemos cómo las desentierran y, haciendo gala de sus complejos de reyezuelos de república bananera, se fustiga a quienes se oponen a semejante desproporción. A los excesos del poder se les nombra de diferentes maneras: tiranía, dictadura, despotismo, totalitarismo, etc., tienen origen y particularidades cada uno de ellos, pero el común denominador es que donde campean hay abusos de poder, restricción de libertades y derechos fundamentales de los gobernados. En la autocracia, el poder se concentra en una sola persona, el detentador monopoliza el poder y no tiene control ni de jure ni de facto, alguno... ah y no existe responsabilidad política para el ínclito, entre otras “chuladas”. El totalitarismo, a diferencia del autoritarismo, no sólo busca el control del aparato gubernamental, sino penetrar todas las esferas del Estado, desde la estructura socioeconómica hasta los aspectos referentes a la moral... hágame el “re favrón cabor” –con su permiso don Armando-. ¿Ya reparó en cómo pretenden “instrumentar” el modelo educativo? Será adoctrinamiento, no educación. La educación libera y el adoctrinamiento apresa. ¿Y las propuestas de reforma electoral del inquilino de Palacio? Entre otras...

Lo invito respetuosamente a pasar revista a la realidad de nuestro país. Cruzarse de brazos y fingir que todo está bien no es de gente que ame a su patria. Vivimos, sí, en plural, inmersos en un sistema político podrido hasta el tuétano, alimentado per secula seculorum, por la indiferencia del grueso de la clase media, repito, la complicidad de los que tienen el poder económico y ningún escrúpulo, y la dependencia de millones de mexicanos atados al desgraciado asistencialismo, permitiendo con ello el arribo al poder de incapaces, con complejos de inferioridad, corruptos y perversos, que usan medidas populistas para manipular a su antojo un México que ya es hora que saquemos de semejante infierno. Carajo, tenemos que hacerlo por las nuevas generaciones. ¿No nos da vergüenza la clase de país, de idiosincrasia, de cultura huérfana de valores, que les estamos dejando?

Nos está cargando Gestas... no me digan que no se ve.

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Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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