Lecturas, visiones y otras divagaciones
* Releo Historias falsas (2005) del angoleño Goncalo M. Tavares (1970). Las nueve historias me remitieron en el momento de su primera lectura a los cuentos de Borges, específicamente a los de la Historia universal de la infamia (1935), por ejemplo: la economía y depuración del lenguaje, la ausencia de acción que prioriza a la paradoja, las alusiones al tiempo, a la inmortalidad, a la filosofía merodeando los litorales de algunos de los relatos, el tono agazapado de la fábula moral, empapado de la ironía y el absurdo. La enciclopedia, tanto en Tavares como en Borges, permea el tono de su discurso, pero ambos aprovechan la Historia para deformarla mediante la invención literaria. La paternidad de Marcel Schwob (1867-1905) es evidente en ambos prosistas, un gen recesivo los habita. Las Vidas imaginarias (1896) del escritor francés se sitúan en la línea primordial tanto de Historias falsas de Tavares como en Historia universal de la infamia, de Borges. Un tríptico literario de lectura- y relectura- inevitable.
* Leí recientemente la crítica musical que escribió para la revista pro-ópera el maestro Joel Almaguer, sobre el montaje de la ópera Saint Francois d’Asisse (1983), del compositor y organista francés Olivier Messiaen (1908-1992). La crítica se publicó el 1º de septiembre de este año. El montaje de la única ópera de Messiaen se llevó a cabo en el Teatro Felsenreitschule en seis presentaciones, como parte del prestigioso Festival de Salzburgo que se celebró del 17 de julio al 30 de agosto del presente año. Dispensando en esta ocasión la habilidosa y bien estructurada prosa crítica de la pluma de Almaguer, hago alusión a lo que me parece debe ser el culmen de la apreciación estilística musical: una voz propia que privilegia la prosa rítmica, un profundo y sólido conocimiento de la música y la habilidad de describir el sonido y los entresijos de la música; así como también la honestidad de mostrar al lector las emociones que permearon el oído, el intelecto y el alma del crítico, llevando la hermenéutica musical al plano de la filosofía e, incluso, de la teología (parafraseo a Beethoven: “La música es una revelación más elevada que la filosofía”). Para muestra de esto último tomo y cito un fragmento de la crítica del montaje de la ópera de Messiaen que escribió el músico Joel Almaguer: “Aún creo que no podré explicar todo lo percibido aquella tarde. No lo digo como excusa, sino como un intento por transmitir el asombro que me sigue conmocionando. Es difícil no ser hiperbólico incluso en el silencio que me acompaña desde entonces. (...). La obra de Messiaen no es música de placer inmediato, ni está sujeta a categorías del ‘me gusta’, pues no se centra en el placer efímero de la experiencia estética. Si traemos a la mente a Soren Kierkegaard y usamos como ejercicio los estadios o esferas que propone en su filosofía, la música de Messiaen no se agota en la esfera estética, sino que usa los recursos sensibles propios de la música como el color, el timbre, el ritmo, para explorar ese sentido último de las cosas, el más profundo, el Ser. Desde la fe del compositor, la música es una manifestación mística y real de Dios. Su actitud reflexiva frente al universo sonoro que crea a partir de herencias como la obra de Claude Debussy, la música hindú o el gamelán balinés, es una contemplación no frente a su obra, sino a algo universal: a la Belleza que se manifiesta por medio de sus composiciones”.
* ”Al amanecer los arroyos se alegran y las rocas que en la noche velaban se adormecen al sol”. El arte de transformar la imagen en escritura aforística, debido a la pluma de Ramón J. Sender (1901-1982). Dicha imagen se me atraviesa todas las mañanas en mis caminatas, no puedo evitar hacer una fermata para “oír” esa visión que equivoca su curso al entrar por mis ojos.
* Aún no veo la película “La Odisea” de Christopher Nolan: los cuadros de Odiseo atado al mástil de John Williams Waterhouse (1891) y Herbert James Draper (1909), poseen una “cinematografía” vívida, suficiente para alimentar mi imaginación.
CODA
“Para imaginar un nuevo arte, hay que romper el arte antiguo, pues toda construcción está hecha de escombros, y nada es nuevo en este mundo más que las formas”. Marcel Schwob, (El libro de Monelle, 1894).