Lo de hoy
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Me viene a la memoria, y además porque no es tan lejano, lo que sucedió cuando se dio por concluida la plaga del Covid, nos lanzamos a la calle, a ir a donde fuera, el asunto era salir de los cotos que nos puso la pandemia. Era un imperativo retomar nuestra lo consuetudinario, el diario acontecer en nuestras vidas. El Covid no se ha ido, se crearon las vacunas, se nos pusieron, y santas pascuas. La realidad es que sigue latente su amenaza. Nada más que hoy día ya se le conoce más que cuando llegó. A mi casi se me borraron las huellas digitales, me lavaba las manos todo el día de Dios y no soltaba el cubrebocas. Tengo una buena amiga que se hacía la prueba del Covid TODOS LOS DÍAS. No tenía paz hasta que veía el resultado. Yo lavaba las frutas, los envases, los huevos, prácticamente todo lo que ingería. Traía mi gel en el bolso. Ya hace un año casi que dejé de usarlo.
¿Y por qué traigo a colación esto? Porque hoy día en nuestro país la gente también se siente agobiada con todo lo que ha venido pasando en el ámbito político y que se refleja en nuestra cotidianeidad. La pandemia nos dejó hartos, cansados y lo de hoy, este desbarajuste que están haciendo quienes detentan el absolutismo, sí el absolutismo, es deleznable. NO EXISTE LA DIVISÓN DE PODERES, la hicieron tiritas las reformas impuestas por la mayoría que controla las dos cámaras, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial de la Federación.
Ahora a cualquier cosa le llaman democracia. La democracia es un sistema político en el que el poder reside en el pueblo, así lo dice la Constitución de la República. Nosotros, somos el pueblo, lo ejercemos a través de nuestra participación ciudadana y en la elección de quienes son nuestros representantes. Al representarnos tienen el deber de proteger nuestros derechos fundamentales –la vida, la educación, a la salud, al trabajo, en fin, eso usted lo puede leer en la Carta Magna, estimado leyente. Hágalo por el amor de Dios, ya rompa el cincho que lo contiene. México es nuestra casa grande, somos 130 millones de mexicanos ¿Qué nos pasa? Nomás se mientan madres entre cuatro paredes, pero de ahí no pasa. Pasaría si en las dos cámaras federales, la de Diputados y la de Senadores, existieran equilibrios institucionales. Pero ahí está como en el juego de la pirinola cuando sale el “TOMA TODO”. Eso es típico de una dictadura. Y ya con las que dieron en pasado es más que suficiente.
En un régimen democrático los funcionarios y los líderes son responsables ante su patrón, el PUEBLO y deben de rendirle cuentas, con ello se fortalece la transparencia. En un gobierno de esta naturaleza, se fomenta la diversidad de opiniones y se permite el cambio pacífico vía elecciones auténticas y competitivas.
Tristemente, lo que tenemos en nuestro país, son procesos gubernamentales lentos y deficientes. Las elecciones, y debo decirlo, cuestan y mucho, es muy significativo el desembolso de recursos. Por otro lado también se da el fenómeno de la polarización, se tensan y esto lleva a muchos ciudadanos a adoptar posiciones extremas, y que no sirven más que para dividir y entorpecer la vida pública. Asimismo, muchos políticos se enfocan nada más en ganar la elección a como dé lugar, en lugar a resolver problemas de fondo en los procesos eleccionarios y de largo plazo.
Una democracia en la que no hay libertad, no es tal. Los límites al poder son sustantivos y el respeto a la ley requisito sine qua non.
Hay una inmensa mayoría de mexicanos que estamos hasta ídem de tanto manoseo institucional, hartos de verdades a medias y de tantas mentiras. El poder está en manos de incapaces, nos lo muestran todos los días. Quien más poder tiene, tiene más responsabilidad. Así de claro y de llano. Debieran de tener aunque sea unos minutos de serenidad para reconocer que muchas cosas las han hecho mal.
En esta vida nada es para siempre. La política cuando bien se hace rinde frutos positivos, cuando se hace mal, tarde o temprano cobra su cuota. El debate político es vulgar y lo vulgar no sirve más que para acabar de encochinar el ambiente. Hacen unas declaraciones absolutamente insultantes para el entendimiento.
Nuestro país merece un mejor mañana, hagamos bien lo que nos toca hacer a cada uno, sin alharacas. Los resultados obrarán a favor nuestro, y es muy factible que se mentalicen los políticos que nomás lo son de nombre -porque no tienen ni la más pálida idea- de lo que significa servir a sus coterráneos.