Los Chorros: radiografía de un País

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Opinión
/ 12 diciembre 2021
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Hace unos días, el tramo de la carretera 57 conocido como Los Chorros volvió a ser escenario de un accidente con fatalidades. Este se encuentra a pocos kilómetros de llegar a Saltillo, viniendo de Matehuala, en una de las carreteras más transitadas e importantes del País. En esta ocasión fueron cuatro personas las que perdieron la vida. Se vuelve costumbre vivir tragedias cotidianas que pudieron y debieron ser evitadas. Y no, esto no es algo nuevo que se pueda o deba achacar a tal o cual partido o gobierno (estatal, municipal o federal). A final de cuentas, se supone que todo el aparato de gobierno tiene como principal mandato el salvaguardar la seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo, vemos que, salvo contadas excepciones, no parece haber gobiernos preocupados por evitar los “accidentes” que dejan de ser eso, accidentes, cuando es previsible que sucederán. Como si fuera un acto reflejo, las autoridades repiten el rollo habitual, hueco e inútil que aplican cuando hay un “accidente” de este tipo. Apuntan con el dedo a otros, rehúyen responsabilidad, hablan de que faltan recursos, ofrecen condolencias, convocan a reuniones para buscar “una solución de fondo al problema”, se presentan como estadistas visionarios ante las cámaras a sabiendas que no van a hacer nada. En algunas culturas, eventos como el de Los Chorros tendrían no solamente funcionarios envalentonados tratando de sacar raja política, sino comisiones investigadoras buscando la causa raíz, funcionarios renunciando y empresas corresponsables de la tragedia pagando multas millonarias. Pero no, México no es una de esas culturas donde se trata de entender qué pasó, cómo evitarlo y asegurarse de que quienes hayan sido responsables paguen por sus errores, omisiones y, en muchos casos, por los fraudes cometidos.

En los últimos dos años, en el tramo de Los Chorros se han registrado accidentes con saldo de 18 muertos y muchos más heridos. La reacción inicial es culpar al chofer del tráiler sin frenos. Nadie se detiene a ver si la carretera fue bien trazada, cómo se hizo el estudio y diseño para entender dónde debía ir una curva, un túnel, si la pendiente descendiente hacia Saltillo es la recomendada no sólo por las Normas Oficiales, sino por las leyes de la física. ¿Estamos construyendo carreteras e infraestructura para atender las cantidades y tipos de vehículos que la utilizan o se asignan obras públicas con el objetivo de poner el presupuesto “en los bolsillos adecuados”? Desgraciadamente la respuesta, en una gran cantidad de obras, es la que nos tememos.

A finales de los setenta e inicios de los ochenta, me tocó circular por esa carretera y por ese tramo de Los Chorros cientos de veces. Se llama así porque en ese lugar había un ojo de agua que generaba lo más parecido a una cascada que podíamos ver cerca de Saltillo. Había un parador y muchos viajeros ahí descansaban junto a esas cascadas de agua cristalina y helada. Había quienes incluso se metían a darse un chapuzón. Supongo que ese ojo de agua fue entubado y después vino la obra de modernización de la carretera y es en ese tramo donde alguien decidió dejar a la buena o mala suerte de los viajeros si los camiones de carga tendrían o no suficientes frenos para poder detener sus pesadas unidades en caso de ser necesario. Estamos rodeados de reglamentos y normas que generalmente son ignorados por las autoridades. Rara vez la autoridad cumple y hace cumplir reglamentos tan obvios como si el vehículo tiene las condiciones y características mecánicas y de peso para poder circular, si el chofer pasó los controles necesarios para manejar ese tipo de unidad, si la carretera fue construida bajo estándares correctos. No hay puntos de revisión. Se muere el niño y nadie tapa el pozo. No hay análisis de causa raíz, sólo un par de días de luto por otra tragedia que debió ser evitada.

¿Cómo podemos esperar que los “accidentes” calibre “Los Chorros” sean evitados si no se hace absolutamente nada por entenderlos, atenderlos y evitarlos? Desgraciadamente este tipo de incidentes se repiten a lo largo y ancho de México; hace un mes en la carretera México-Puebla con 17 muertos, por ejemplo. Y mañana será de nuevo. La lotería del “accidente” prevenible es un juego en el que como mexicanos somos automáticamente inscritos al nacer. La lotería no discrimina por edad, género, nivel socioeconómico o educativo. Si circulas en las calles o carreteras de México eres un jugador activo que en cualquier momento le toca “el premio”. Mientras, los políticos seguirán echándole la culpa a alguien más, y la corrupción y errores seguirán sin culpables reales. Los muertos los pone la sociedad y eso no parece afectarle al político en turno.

@josedenigris

josedenigris@yahoo.com

Columna: En tr3s y do2

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