Los demócratas no necesitan listas de propuestas, sino un relato

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Opinión
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Sin un relato económico general y coherente, lo único que se consigue presentando largas listas de políticas en lo referido a vivienda, salud, etc., es confundir, aburrir y frustrar a los votantes. No es el modo de ganar elecciones

Teresa Ghilarducci y Rick McGahey.

TEMPLE- Aunque nunca hay que dar por ganada una elección antes de tiempo, los demócratas parecen bien posicionados para obtener el control de la Cámara de Representantes y tal vez incluso del Senado en la elección intermedia de noviembre. Según una encuesta reciente del New York Times y el Instituto Siena, los demócratas lideran las preferencias para el Congreso por 50 % a 39 %, y unos días atrás, Silver Bulletin les daba una ventaja de siete puntos (el mejor resultado demócrata del ciclo).

Pero el creciente apoyo a los demócratas no es tanto un respaldo al partido cuanto un castigo al gobierno del presidente Donald Trump. Puede bastar para darles la victoria en noviembre, pero para convertir la protesta en poder se necesita algo más: una visión económica convincente.

Trump siempre entendió el poder del relato. Con cuatro sencillas palabras (Make America Great Again, hacer grande a Estados Unidos otra vez), explota la nostalgia para atraer a votantes frustrados que temen una pérdida constante de poder social y bienestar económico atribuida a políticos que no piensan en ellos. Trump es narrador y protagonista a la vez: sólo él decide qué es verdad, y sólo él puede hacer realidad el sueño MAGA.

El relato trumpista también tiene villanos (la industria china, los inmigrantes y la «izquierda» ávida de impuestos) y un plan claro para derrotarlos. Nunca explica de qué manera la imposición de altos aranceles a las importaciones, las deportaciones en masa, las rebajas tributarias para los ricos y la desregulación a ultranza van a reactivar la industria estadounidense, crear empleo de calidad y generar prosperidad para la gente común y corriente. Pero la promesa es tan convincente que sus seguidores dan por sentado que debe haber un plan subyacente (y a menudo rellenan ellos mismos los huecos).

Pregúntesele a un votante de Trump de qué manera lo ayudan las deportaciones masivas, y tendrá la respuesta preparada: hará más fácil que mis hijos encuentren trabajo o un apartamento barato. Pregúntesele lo mismo sobre los aranceles, y dirá que encarecer las importaciones impide a los socios comerciales «aprovecharse» de Estados Unidos y obliga a las empresas a repatriar actividades productivas y crear puestos de trabajo.

Los demócratas tal vez piensen que destacar los defectos de estas explicaciones bastará para poner a los votantes contra Trump. Pero ¿a favor de qué? Los demócratas ofrecen aspiraciones imprecisas y largas listas de políticas, pero no el relato coherente que necesitan los votantes.

Piénsese en la «economía de oportunidades» propuesta por la entonces vicepresidenta Kamala Harris durante su fallida campaña para la presidencia en 2024. Los objetivos eran previsiblemente ambiciosos: «convertir a nuestra clase media en el motor de la prosperidad de Estados Unidos, construir una economía más fuerte en la que todos, en todas partes, tengan la oportunidad de perseguir sus sueños y aspiraciones, y garantizar que los Estados Unidos sigan superando al resto del mundo en innovación y competitividad».

Pero el plan de Harris para alcanzar estos objetivos era (en el mejor de los casos) impreciso. La clave era «ser pragmáticos», «mantenernos enfocados», «aplicar métricas al análisis» y «trabajar con todas las partes interesadas». Por supuesto que se promovían algunas políticas económicas acertadas: ampliar los servicios de guardería, dar apoyo a las pequeñas empresas, facilitar la compra de la primera vivienda y subir el salario mínimo. Pero faltaban detalles concretos, y la «voluminosa lista de políticas» de Harris nunca se resumió en un relato económico coherente.

Hoy los demócratas cometen el mismo error. Hablan cada vez más de la «asequibilidad», pero esto puede aplicarse a cualquier cosa, desde la vivienda y la salud hasta la gasolina y los alimentos. Además, el único modo directo de bajar los precios es con una deflación a gran escala, algo que mal puede considerarse un programa para la prosperidad, mucho menos una visión de futuro inspiradora. En cualquier caso, como señala Josh Bivens, del Economic Policy Institute, los problemas básicos son la lentitud en el crecimiento de los ingresos, el aumento de la desigualdad y la concentración extrema de la riqueza, no los precios en sí mismos.

Sin un relato económico general y coherente, lo único que se consigue presentando largas listas de políticas en lo referido a vivienda, salud, salarios, empleo, clima, inteligencia artificial, seguridad en la vejez, infraestructuras, combate a la discriminación, equidad, comercio internacional, aranceles e impuestos es confundir, aburrir y frustrar a los votantes. No es el modo de ganar elecciones.

Muchos economistas (incluidas figuras destacadas como Daron Acemoglu, Arindrajit Dube, Claudia Goldin, Simon Johnson, Mariana Mazzucato, Dani Rodrik, Emmanuel Saez y Joseph Stiglitz, así como académicos más jóvenes como Ellora Derenoncourt de Princeton y Danny Yagan de Berkeley) han presentado propuestas útiles para una narrativa demócrata. Y los trabajadores, los sindicatos y los grupos de activismo saben qué necesitan y qué quieren. No desconocen los pilares de una economía más justa y productiva: empleo digno, bienes públicos, reparto del poder.

Pero en nuestra opinión, estas ideas necesitan un aglutinante, un relato que las haga comprensibles, legítimas y políticamente duraderas, y ese aglutinante debe ser el crecimiento basado en el salario. Muchos economistas sostienen que lo mejor para el crecimiento sostenido es que los salarios de los trabajadores comunes suban a la par de la productividad. Como los trabajadores gastan la mayor parte de sus ingresos, salarios más altos se convierten en mayor demanda de bienes y servicios, y por consiguiente en un aumento de la inversión, al tiempo que el aumento de la productividad pone coto a la inflación.

En vez de ver el salario ante todo como un costo empresarial o dar por sentado que aumentarlo generará inflación, la idea de crecimiento basado en el salario considera su aumento como un potente motor de expansión económica, crecimiento de la productividad y prosperidad compartida. Comprende que la prosperidad de los estadounidenses no es algo que se derrama desde los ultrarricos, sino algo que surge y se extiende cuando la gran mayoría gana lo suficiente para ahorrar, gastar e invertir más.

Los demócratas deben articular este relato, como promesa y como trama: las políticas que se necesitan para hacerlo realidad (con inclusión del modo de eliminar barreras económicas, institucionales y políticas contra el éxito). Los economistas pueden ayudar, explicando de qué manera subir el salario impulsará la inversión, la productividad, la demanda y la creación de empleo de calidad. Pero se necesitará el aporte de comunicadores expertos y líderes políticos, para elaborar un relato que halle resonancia en los votantes.

Todo movimiento político exitoso da respuesta clara a una pregunta simple: ¿de qué manera te ayudará el gobierno a resolver tus problemas más apremiantes? De modo creíble o no (nosotros estamos convencidos de que no), MAGA lo hizo. Pero también lo hizo el New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt, que a diferencia de MAGA, cumplió su promesa de prosperidad compartida mediante la ampliación de las capacidades públicas. Para recuperar el poder político que necesitan para implementar su agenda, los demócratas deben contar un relato similar que sea convincente. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Teresa Ghilarducci es profesora de Economía en The New School e investigadora visitante en el Centro para el Trabajo y la Democracia de la Universidad del Estado de Arizona. Rick McGahey es exdirector de personal del Comité Económico Conjunto del Congreso de los Estados Unidos e investigador visitante en el Centro para el Trabajo y la Democracia de la Universidad del Estado de Arizona.

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