Los problemas éticos del crowdfunding
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GoFundMe es una organización con fines de lucro, que genera ganancias quedándose con un porcentaje de las donaciones; de modo que le interesa aumentar los volúmenes de donación
Peter Singer y Gregory E. Pence, Project Syndicate.
MELBOURNE- Cuando en diciembre del año pasado dos hombres armados comenzaron a disparar contra judíos que celebraban Hanukkah en la playa Bondi de Sídney, Ahmed al‑Ahmed se ocultó detrás de un auto, y cuando uno de los asesinos miraba hacia otro lado, corrió hacia él y le arrebató el arma. Su indudable valentía salvó varias vidas; pero el otro hombre armado le disparó. Felizmente, al‑Ahmed sobrevivió. Una página de GoFundMe creada para recaudar fondos en su beneficio recaudó casi 2.7 millones de dólares australianos (1.9 millones de dólares estadounidenses) de 45 mil donantes.
El impulso de recompensar actos heroicos es fuerte, y tal vez parezca rudo ponerse a analizar si era el mejor uso que los donantes podían dar a sus excedentes de dinero; pero es una pregunta que hay que hacerse. Si algunos donantes tenían el motivo adicional de alentar el heroísmo en otras personas, un millón de dólares era más que suficiente. Como ciudadano australiano, al‑Ahmed tiene derecho a atención médica y hospitalaria gratuita. ¿Es una recompensa inmensa destinada a una sola persona el mejor modo de donar?
Piénsese en otro ejemplo: Charlie Gard nació en el Reino Unido en 2016, con una enfermedad terminal sin tratamientos viables. Sus padres usaron GoFundMe para recaudar 1.3 millones de libras (1.7 millones de dólares) para procedimientos experimentales no probados. El desenlace lamentable (pero previsible) fue que los procedimientos no funcionaron y Charlie murió.
Estos casos muestran problemas concretos relacionados con el crowdfunding. Pero ¿qué valoración merece el concepto en sí? Aunque ver la respuesta de la gente a pedidos de desconocidos (ya sea para recompensar actos de valentía o, con mayor frecuencia, para ayudar a personas necesitadas) es alentador, el crowdfunding plantea problemas éticos fundamentales, sobre todo cuando se convierte en un canal preferencial para la solidaridad.
Para empezar, el crowdfunding favorece ante todo a quien posee conocimientos técnicos y conexiones sociales. La mayoría de los pobres del mundo no tienen acceso a Internet ni conocen plataformas como GoFundMe, de modo que quedan sistemáticamente excluidos de esta forma de beneficencia.
Un artículo publicado hace poco en el International Journal of Equity in Health sobre campañas médicas realizadas a través de GoFundMe halló índices de éxito menores para las peticiones destinadas a personas residentes en áreas rurales o económicamente desfavorecidas, o para personas con menos estudios, mientras que las peticiones para personas de piel blanca o con más estudios y capital social recaudaron más dinero.
Las autoras concluyeron que los algoritmos de GoFundMe “privilegiaron a usuarios con ventajas preexistentes”, lo que supone aumentar las desigualdades en vez de corregirlas. Se halló una clara dependencia del éxito de las campañas respecto de que los beneficiarios se vieran atractivos en las fotos, fueran capaces de articular relatos convincentes y presentaran narrativas con resonancia emocional en los donantes. Quienes sufren más pueden ser las personas menos capacitadas para hacer una presentación eficaz de su sufrimiento.
GoFundMe es una organización con fines de lucro, que genera ganancias quedándose con un porcentaje de las donaciones; de modo que le interesa aumentar los volúmenes de donación, cualquiera sea su impacto benéfico. Asimismo, no tiene interés en comprobar la validez o veracidad de las peticiones, y sólo toma medidas contra eventuales fraudes ante denuncias de los usuarios.
Y el fraude existe. En 2020 la australiana Renee Jocelyn O’Brien admitió culpabilidad por múltiples acusaciones de fraude tras haber solicitado donaciones con la falsa afirmación de que su hija de cinco años tenía un tumor cerebral terminal. La mentira sólo se descubrió cuando las autoridades verificaron el historial médico de la niña. También ha habido gente que fraguó diagnósticos de cáncer en Canadá y Estados Unidos. En otro caso estadounidense, una pareja recaudó dinero para un supuesto veterano sin hogar, pero lo gastó en casinos de Las Vegas. La manipulación emocional que confiere eficacia al crowdfunding también lo hace vulnerable a abusos.
Un estudio publicado en 2018 en el Journal of the American Medical Association reveló que muchas campañas de GoFundMe solicitan fondos para tratamientos médicos no probados: terapias con células madre, tratamiento de oxígeno hiperbárico para el coma vegetativo, limpiezas de colon y medicamentos herbales. Los donantes dan dinero creyendo que financian tratamientos con capacidad para salvar vidas; pero jamás se los informa de los resultados, y estos tampoco se someten a evaluación independiente. Se crea así un mercado para esperanzas médicas que pueden ser totalmente infundadas.
Además, muchas campañas de GoFundMe operan en un vacío de transparencia y rendición de cuentas. ¿Qué ocurre con el dinero donado cuando las campañas superan la meta fijada, cuando el destinatario del tratamiento médico muere antes de recibirlo o cuando se descubre un fraude años más tarde? A diferencia de las organizaciones benéficas tradicionales, GoFundMe no tiene respuestas claras para estas preguntas.
En Estados Unidos (donde millones de personas carecen de cobertura sanitaria), el crowdfunding para gastos médicos es un parche contra desigualdades estructurales. En vez de enfrentar el problema sistémico (la falta de cobertura médica universal), desvía atención y recursos hacia casos individuales, perpetuando al hacerlo la injusticia subyacente.
Los últimos recortes en las ayudas oficiales (sobre todo en Estados Unidos) han creado una necesidad urgente de donantes que aporten con inteligencia y eficacia. Organizaciones como GiveWell y The Life You Can Save ayudan a la gente a buscar entidades benéficas que hagan el mayor bien posible con las donaciones recibidas; y a diferencia de GoFundMe, entregan a esas entidades el 100 % de lo recaudado en sus sitios web.
El diferencial de impacto es enorme. Según un análisis de GiveWell, el dinero donado a Ahmed al‑Ahmed se podía usar para comprar y distribuir mosquiteros tratados con insecticida para combatir la malaria en África, que habrían salvado cientos de vidas.
Que la gente quiera ayudar a quienes lo necesitan es bueno, pero si se trata de hacerlo con la mayor eficacia, hay que ver el crowdfunding tal como es: un esquema lucrativo que muchas veces resulta ineficaz e injusto. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Traducción: Esteban Flamini.
Peter Singer es profesor de Ética Médica en el Centro de Ética Biomédica de la Universidad Nacional de Singapur y profesor emérito de Bioética en la Universidad de Princeton. Es autor de libros como The Life You Can Save y fundador de la organización sin fines de lucro del mismo nombre. Gregory E. Pence, profesor de Filosofía en la Universidad de Alabama en Birmingham, presenta el canal de YouTube Great Stories in Bioethics.