Los tesoros de JP Morgan
Obras de arte, antiguos manuscritos, la partitura original de la Sinfonía n.º 35 de Mozart y tres ejemplares de la Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso de la historia
John Pierpont Morgan, fundador de un enorme imperio financiero norteamericano y cuyas acciones salvaron a su país de la Gran Depresión de finales del siglo 19, guardaba con gran celo sus riquezas personales. Para protegerlas, ordenó construir una caja fuerte de acero impenetrable con las dimensiones de una recámara. Allí guardaba sus más preciadas posesiones: obras de arte, antiguos manuscritos, la partitura original de la Sinfonía n.º 35 de Mozart y tres ejemplares de la Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso de la historia, una innovación que cambió el curso de la humanidad.
Se cree que fue el 30 de septiembre de 1455 cuando Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta de tipos móviles, terminó la impresión de 200 ejemplares.
Elogiada, maldecida, restringida, prohibida, profanada y quemada, la Biblia es el libro más importante jamás escrito, testigo de los acontecimientos históricos que han dado forma al mundo en que vivimos y que, sin ella, sería completamente distinto. Redactada a lo largo de mil quinientos años y completada hace dos mil, fue traducida del hebreo y el griego –sus idiomas originales– a prácticamente todas las lenguas existentes.
Por este libro se odia y se ama al mismo tiempo. Sobre sus páginas han jurado incontables gobernantes, mientras que otros han intentado destruirlo; todos fracasaron. La Biblia es un volumen tan controvertido que, por su causa, se han librado cientos de guerras y depuesto reyes; bajo su influjo, grandes imperios surgieron o sucumbieron y, con ellos, millones de personas padecieron torturas inimaginables, murieron o perdieron su libertad, ya fuera defendiéndola o combatiéndola.
No es exagerado afirmar que en la Biblia se registran algunos de los hechos más importantes de la historia, como la liberación del pueblo judío, el poder de Roma y el nacimiento de Jesús. Pero también fue por este libro que la evangelización avanzó en Europa y América; el dominio del Vaticano se extendió por el mundo y se desataron persecuciones y matanzas religiosas. Todo está ahí, determinado por cómo los humanos la han interpretado.
Se trata de una pieza sorprendente y notable de la literatura universal que, por sí misma, ha inspirado la creación de una vasta cantidad de obras de arte disponibles en los mejores museos y colecciones del mundo.
Pero lo más importante del “libro de libros” es su mensaje: “La Palabra de Dios”. Una afirmación audaz, considerando que fue escrita por humanos. La obra relata la vida de Jesús de Nazaret, también llamado el “Cristo” (es decir, el “Ungido”). Mientras los 39 libros del Antiguo Testamento anuncian su venida, los 27 del Nuevo Testamento dan testimonio de su vida, enseñanzas y acciones.
El impacto de Jesús fue de tal magnitud que dividió la medición del tiempo en dos eras: a. C. (antes de Cristo) y d. C. (después de Cristo). Cada año, miles de millones de personas conmemoran su nacimiento, muerte y resurrección. Jesús es el único líder religioso de quien se afirma que resucitó de entre los muertos; todos los demás están enterrados.
Abraham murió, al igual que Moisés, Mahoma y Buda. Sin embargo, como en toda gran historia, existen dos versiones: los detractores de la Biblia aseguran que se trata del fraude más grande jamás perpetrado contra la humanidad y que creer en ella implica la negación absoluta de la razón.
Habría que aceptar que el conocimiento científico actual hace imposibles algunos de sus capítulos, como el origen del universo y la Tierra, la aparición del hombre y la resurrección de Jesús. En lo personal, creo que a la Biblia habría que darle un sentido poético y entenderla como una obra literaria inspiradora, más que como un dogma de fe.
Pero ese juicio corresponde a las personas que deciden creer o no. Son ellas quienes aceptan si Dios es, en verdad o no, el juez ante quien rendirán cuentas al final de sus días. Lo que sí es cierto es que la Biblia es el primer libro impreso de la historia y sólo por eso habría que leerla y celebrarla.
Y no lo sabemos; quizás uno de estos días alguien con mucha imaginación decida fundar una religión basada en los valores, dichos y hechos que en la Biblia se escribieron acerca de Dios y de Jesús.