Lugares seguros: El hogar, la tierra que se pisa y el planeta que se habita
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Debieran ser los lugares seguros en donde la confianza permeara, en donde primara el respeto y las voces se dejaran escuchar sin ser objeto de intimidación o amenaza
El hogar debiera representar el refugio seguro. El lugar donde la confianza y la seguridad tuvieran la total cabida. En él habrían de establecerse las primeras relaciones de afecto y donde deberían darse los primeros pasos hacia un futuro promisorio lleno de esperanza.
Sin embargo, ese mismo espacio puede volverse hostil cuando quienes lo habitan se convierten en fantasmas que han de expresar sus antaños dolores o pérdidas confrontando a los demás.
Las frustraciones de la infancia se manifiestan igual que los pasados luminosos. En el hogar, el caleidoscopio de variadas formas y colores aparece con dudas, con incertidumbres, pero también con coraje y valentía, compatibilidad, corresponsabilidad y empatía.
Es el crisol en el cual se conglomeran distintas formas de ser y de pensar: de unos aceptadas, de otros no. ¿En qué radica? La compatibilidad de caracteres, la aceptación o no de la necesidad de estar solos de algunos y la comprensión que acompaña esa aceptación.
Necesario permanecer cuando alguien desea la compañía de los demás; pero respetar cuando la decisión es alejarse en silencio. Corresponsabilidad en las tareas cotidianas y facilidad en los procesos vitales de unos y otros.
Pareciera indiscutible que existen líderes en todos los grupos sociales, comenzando con la familia, pero no es así en todos los casos. La búsqueda de ellos es un factor que facilita o no la relación entre sus integrantes.
Examinando los pequeños mundos, estos mismos representan los que constituyen, en dimensiones mayores, a las ciudades y a los países.
La corresponsabilidad es la misma, al igual que la necesidad de empatía frente a las decisiones tomadas por unos y otros habitantes de las comunidades o grandes ciudades. De igual manera, resulta indispensable contar con líderes que faciliten los procesos.
Esta exhaustiva búsqueda nos lleva a pensar en el momento actual, en el que muchas sociedades a lo largo del planeta se organizan para mejorar las condiciones de sus entornos. Una exigencia está precisamente en la estabilidad de contar con un hogar, ese sitio primario del que hablamos en estas primeras líneas.
Las protestas en varios países por el derecho a una vivienda digna y en contra del alto costo de vida reflejan vivamente la deseable lucha por mejorar las condiciones existenciales en hogares y en ciudades.
Los trovadores Piero y Pablo Milanés dedican una dolida copla al país al que le robaron sus posibilidades y le anularon su futuro: “Me estoy muriendo de frío / tengo la bronca en la voz / porque a esta puerta del río / le apuñalaron el sol / porque a esta puerta del río, país / le apuñalaron el sol. / Ay, país, país, país, / Ay, país, país, país. / Este suelo tiene un nombre / desde el mar hasta la sierra. / Cómo le cuento a mi gente / lo que pasa en esta tierra / Pero cómo le cuento a mi gente, país...”.
El hogar, la tierra que se pisa, el planeta que se habita, debieran ser los lugares seguros en donde la confianza permeara, en donde primara el respeto y las voces se dejaran escuchar sin ser objeto de intimidación o amenaza.
Para lograr vivir en comunidad, la lucha por los derechos debe continuar, siendo lo que represente a cualquier familia, a cualquier comunidad y a cualquier país. La libertad y la justicia como estandartes.