Caminar por las tardes con una inmensa begonia en la solapa

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Opinión
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La dictadura quita toda libertad. No permite el libre tránsito, regula la forma de vestir y anula la posibilidad de desear conocer y de expresarse

(...) hoy se te da, hoy se te quita, igual que con la margarita.

Luis Ramón Igarzábal

Donde gobierna la opresión, la falta de libertades, la limitación a la esencia del ser humano, existe la dictadura. Miguel Ríos, el icónico roquero español, expresó hace unos días: “No quiero que me gobierne alguien que crea que no fue dictadura lo que yo viví”.

Ríos experimentó en carne propia la dictadura de Francisco Franco. Él mismo recuerda que incluso su madre le decía que no se metiera en problemas, que no hablara. El régimen lo encarceló durante semanas por un tema en el que no tenía responsabilidad alguna, relacionado con otra persona.

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La dictadura quita toda libertad. No permite el libre tránsito, regula la forma de vestir y anula la posibilidad de desear conocer y de expresarse. Durante ella, aquellos imponen y otros más son cómplices; mientras muchos han de callar y obedecer, por el terror de que los alcance a sí mismos o a sus seres queridos.

Durante los aciagos años de Francisco Franco, las restricciones iban ligadas al régimen religioso. Un matrimonio debía demostrar su relación si, como lo retrató tan bien la serie española “Cuéntame Cómo Pasó”, la pareja se encontraba platicando fuera de casa a cierta hora de la noche. Debían mostrar el carné que los acreditaba como casados y sólo así quedaban exonerados por la autoridad.

En casa, ante la mesa del comedor, el padre y la madre alertaban a los hijos, como hizo la propia madre de Miguel Ríos, “de no meterse en problemas”. Esto significaba no hablar, no pensar, no disentir. Y mucho menos integrarse a grupos que buscaran las libertades para todos.

La dictadura, como lo explica Marjane Satrapi en su libro “Persépolis”, comienza desde el momento mismo en que hasta la forma de vestir empieza a ser limitada: y prohibido entonces no usar el velo obligatorio. De ahí en adelante, todas las libertades serán suprimidas.

En una escena de la película basada en este libro, una madre emplea el velo dentro de casa. Alguien le dice que puede no usarlo; que sólo es obligatorio fuera. La mujer responde que no. Ella ya estaba haciendo suya una restricción que la limitaba y la sometía.

¿Cuándo empieza la sociedad a seguir la misma pauta que esta mujer de “Persépolis” en Irán? Cuando poco a poco se va dejando actuar al gobierno total y autoritario. Al permitir que se vulnere una libertad, enseguida seguirá la otra, y luego una y otra más.

La libertad es un bien que, al perderse, quita también lo más esencial del ser humano: la vida misma. Representa lo más importante al permitirle encontrarse en sus decisiones y en las consecuencias de ellas. Pero esto corresponde al ámbito personal, no al Estado ni a ninguna otra institución.

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Que florezcan los campos de ella y no se permita a nadie vulnerarla. Que nadie, tampoco, consienta su quebranto.

Cada uno tiene el derecho a disentir; a vestir como quiera; a tener su propia orientación sexual sin ser por ello objeto de censura o burla; a hablar en su propia lengua; a caminar por las tardes con una inmensa begonia en la solapa, como canta el poeta Thiago de Mello; a ser, tal y como lo desee, un ser humano completo e íntegro.

La dictadura suprime la libertad. La libertad, en cambio, abre espacios y permite renovar, cada día, la esperanza.

María C. Recio es una de las voces más influyentes en la crónica contemporánea de Coahuila. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la memoria colectiva, combinando la investigación histórica con la narrativa literaria. Se ha especializado en el género de la entrevista y la crónica urbana.

Periodista, escritora y cronista con más de 30 años de trayectoria.

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