Lujuria: El lujo que fue pervertido con el pensamiento medieval

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Opinión
/ 5 octubre 2025

‘Pecado’ proviene del latín peccatum, y originalmente se refería a tropiezo o falta, pero fue adoptada por el cristianismo para describir una transgresión a la ley divina

A la religión judeocristiana le debemos esplendentes catedrales en las que el ingenio de los artistas fue vaciado junto a sus vidas enteras para darles forma; corrientes de pensamiento, esculturas y pinturas que muestran los devaneos del espíritu, incluso estudios científicos y también los llamados Diez Mandamientos que incluyen los conocidos “pecados capitales”, entre ellos la lujuria.

Veamos cómo este vocablo ha sido torcido para fines de control de los cuerpos. Lujuria, en su etimología, proviene del latín luxuria, y significaba vida extravagante, exquisitez, exceso, abundancia y opulencia. Como vemos, “lujuria” originalmente se refería a un exceso o exuberancia en general, incluso en el sentido estético relativo a lo bello, sin embargo, con el cristianismo posagustiniano mutó y fue usado para describir el deseo sexual desordenado e incontrolado, asociándose con la voluptuosidad y la falta de moderación. Fue san Agustín, en el siglo 4, quien desarrolló la idea de “pecado original”, como una “culpa inherente” que todos los seres humanos heredan por el simple hecho de nacer. A partir de allí se establecen los famosos siete pecados capitales.

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Vaya mecanismo de vigilancia tan sofisticado. Y pues a partir del siglo 5 y hasta el siglo 12, se emplea la palabra pecado en un contexto nuevo. Me explico: “pecado” proviene del latín peccatum, y originalmente se refería a tropiezo o falta, pero fue adoptada por el cristianismo para describir una transgresión a la ley divina. Incluso en el Antiguo Testamento hebreo, la palabra primordial fue jatt’a’th, la cual se tradujo en un inicio como errar, fallar en el blanco o elegir otro camino.

Y ahora volvamos a la palabra lujuria: un concepto que, incluso si designa un deseo sexual irrefrenable, fuera del mundo culposo de los judeocristianos no debería significar escándalo alguno. Es parte de la libertad del cuerpo ejercer el placer en solitario o en compañía siempre con consenso. Aquí creo que el error primordial está en confundir un elevado deseo sexual ejercido o sublimado con una desviación que implique abusar de otro cuerpo durante el estado de excitación. Son dos cosas completamente distintas.

Pero es comprensible que se aborde la lujuria de la manera torcida en la que lo hace el judeocristianismo, simplemente observemos la cantidad de integrantes de los distintos niveles jerárquicos relacionados con casos de pederastia, abuso sexual, esclavismo sexual y contratación de sexoservidoras, sin mencionar las interacciones sexuales con las monjas que, si bien no pertenecen a la llamada “jerarquía de órdenes sagradas” –porque claro, son mujeres y son para servir–, se encuentran consagradas a la vida religiosa.

Y como para evitar la lujuria hay que evitar la sexualidad, según los judeocristianos –salvo para fines reproductivos–, esto ha llevado a los creyentes a castigos corporales autoinfligidos, a la generación de desviaciones, esas sí, peligrosas, y a la locura.

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Qué manera de pervertir una función fisiológica inherente al ser humano que tiene distintos ritmos, los que varían en intensidad y frecuencia, del mismo modo en que hay diferentes modos de sensibilidad e interacción con el otro.

Por fortuna, la vida se extiende más allá de los mundos religiosos. La responsabilidad en el ejercicio del placer conlleva una honda responsabilidad moral desde el sentido ético. ¿Qué sería la vida sin la lujuria? Cavile, querido lector, esta pregunta desde el abarcante mundo de significados previo a la satanización de esta palabra, y también, por qué no, desde el placer del cuerpo.

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Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila, 1969). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2024-2027). Es licenciada en ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, Maestra en Historia Contemporánea por la IBERO Saltillo y doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila.

Entre sus libros de poemas figuran Amenazado y brillante (Mantis Editores, México 2025), Donde la piel (Mantis Editores y CONARTE, México 2019), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Ruido de hormigas (Gatsby Ediciones, México 2005) y Casa de sol (FECA-CONACULTA, 1995). Entre otras antologías, aparece en el Anuario de poesía mexicana (Fondo de Cultura Económica, 2006), en Hacia un azul imposible (CEPE-UNAM/El tapiz del unicornio, 2023) y en Semillas de Nuestra Tierra. Muestra Ecopoética Mexicana (Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra y Cactus del viento, 2023).

Entre las revistas en las que ha publicado, destacan Southwest review, Dallas TX volumen 109, número 2; la revista de poesía contemporánea de Valencia 21veintiúnversos y Lichtungen, en el apartado Literatura del norte de México. Sus poemas traducidos, se imprimieron en muro en el Instituto Cultural de México en París, acompañando esculturas de Avelina y Alejandro Fuentes Quezada en la exposición Extinción Continua (2021). Fotografías medioambientales y video poemas fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi, en Tánger (2021). Participó en una mesa literaria y en la muestra de arte visual coahuilense titulada Segar el mar con un poema visual, dentro del 49 Festival Cervantino (2022). Una selección de poemas sonoros trabajados alrededor del poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, se dejaron escuchar en el Memorial Marie-José Tramini y Octavio Paz, en el Colegio de San Ildefonso, dentro del Festival Naturaleza y Poesía 2023 organizado por la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz.

En junio de 2024 fue invitada por la Universidad de Varsovia a compartir sus procesos creativos. Fue becaria del FONCA, FORCA y PECDA. Parte de su poesía ha sido traducida al árabe, francés, alemán, inglés y polaco. Hasta el día de hoy se desempeña como directora de divulgación científica y proyectos en el Museo del Desierto, de Saltillo, Coahuila, México, donde es integrante fundadora. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medioambientales del mundo y en sus sitios https://claudialunafuentes.com

IG: @clunafuentes

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