MIRADOR 01/03/2025
COMPARTIR
Cuentan que algunas noches se aparece en la casona de Ábrego el fantasma de Luisita de la Peña y Peña, bellísima joven que murió en flor de edad cuando la epidemia de influenza española, el año 18 del pasado siglo.
Con frecuencia veo fantasmas de personas vivas, pero nunca he mirado espectros de difuntos. Entiendo que para verlos se necesita un don especial como el que se requiere para encontrar agua en el subsuelo o para ver en la palma de la mano de alguien el futuro que le aguarda. Yo tengo el gran don de no tener ninguno, lo cual hace de mí una persona común y corriente, valiosa especie que, según se observa en las redes sociales, está en vías de extinción.
Aun así me gustaría toparme con la fantasma de doña Luisita. (En el Potrero la palabra “fantasma” es femenina). Me dicen que el hombre que la ve se enamora perdidamente de ella. Yo estaré a salvo si la miro, pues sigo enamorado de la misma mujer de la que me enamoré en mi juventud, y eso me protege contra todos los fantasmas –y todas las fantasías- del amor.
No vivo, entonces, con el recuerdo de un fantasma ni con el fantasma de un recuerdo. Que la hermosa Luisita se les aparezca a otros.
¡Hasta mañana!...