Mirador 02/02/2026
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Me habría gustado conocer a Harpo.
Fue uno de los cuatro Hermanos Marx, aquellos grandes comediantes que en lo absurdo fincaban su comicidad. Harpo, de grandes ojos y cabello rubio ensortijado, la hacía de mudo, y se expresaba por medio de una bocina puesta al extremo de un bastón. Tocaba magistralmente el arpa, y sus arpegios admiraban y conmovían.
Harpo no tuvo hijos con su esposa, pero adoptó dos niños. Y decía:
–Habría querido adoptar uno por cada ventana que tenía mi casa –y tenía muchas–, para que al salir a trabajar me despidiera desde cada ventana una carita infantil.
Harpo Marx... Gran actor, gran músico, gran ser humano. Dos regalos le hizo al mundo, ambos bellos y necesarios por igual: la bondad y la alegría. Recordarlo es evocar a un comediante genial y a un hombre bueno.
¡Hasta mañana!...