Mirador 02/06/2025
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San Virila dice que él no hace milagros. Afirma:
–Se me salen.
El otro día, en medio de una tormenta, una hormiguita se apresuraba hacia su hormiguero, y le iba a caer un rayo. El frailecito hizo un movimiento de su mano, y el meteoro –para no decir otra vez “rayo”– cayó en la caja fuerte del avaro del pueblo y redujo a cenizas todo lo que había en ella.
San Virila reza todas las noches pidiéndole al Señor que le quite lo milagroso. El Señor, sin embargo, no le hace el milagro, y al hermanito se le siguen saliendo los prodigios. O la gente se los atribuye. La esposa del herrero no había tenido hijos después de 15 años de casada. El marido le pidió al santo un milagro, y la mujer quedó encinta de la noche a la mañana. Más bien de la noche. Al parecer el milagro no lo hizo San Virila; lo hizo el nuevo ayudante del herrero.
–¿Lo ves, Señor? –le dijo el frailecito al Padre–. No me necesitas a mí para hacer milagros.
¡Hasta mañana!...