Mirador 07/05/2026
Amable y educada es doña Trini de la Peña y Peña. A veces me la topo cuando en la noche deambula por los aposentos de la casona de Ábrego, y siempre me saluda con deferencia y afabilidad:
–¿Cómo está usted, señor?
Doña Trini vivió en los años finales del antepasado siglo. Así, quien me saluda es su fantasma. A nadie extrañe eso. La casa morada de la antigua hacienda está llena de fantasmas, tanto de vivos como de difuntos. Doña Trini piensa que yo también soy un fantasma. No se equivoca.
Por pláticas de gente de antes conocí la historia de esta dama. Su esposo la maltrataba de continuo. Un día llegó borracho y la golpeó hasta medio matarla. Luego se fue a dormir el sueño de la borrachera. Ella tomó el cuchillo cebollero y le cortó la yugular. El hombre ni siquiera lo sintió. Desangrado, pasó del profundo sueño de la embriaguez al más profundo sueño de la muerte.
Ahora el fantasma de doña Trine me saluda:
–¿Cómo está usted, señor?
Su marido ni siquiera es un fantasma.
¡Hasta mañana!...