Mirador 10/10/2026

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Opinión
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San Virila salió de su convento esa mañana y tomó el camino de la aldea. Iba a buscar el pan para sus pobres.

El día era radiante. Brillaba un sol benévolo y soplaba una brisa musical. El prado estaba matizado de flores, y sobre ellas zumbaban los colibrís y las abejas. A lo lejos se oían risas de muchachas, canciones de mancebos y voces infantiles que en la escuela recitaban las tablas de multiplicar: “Dos por una dos; dos por dos cuatro; dos por tres seis...”.

En la aldea San Virila pidió el pan. Los humildes le dieron; los altaneros no.

–Haz un milagro –le pedían todos.

–Yo no los hago –sonreía él.

Caía ya la tarde cuando el frailecito regresó al convento. El padre portero le preguntó:

–¿Qué milagro hiciste hoy?

Respondió San Virila:

–Hice el milagro de no hacer ningún milagro.

¡Hasta mañana!...

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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