Cultura y Pop: MARCO
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Después de treinta años de no visitar el museo regiomontano, una nueva visita terminó por convertirse en un inesperado reencuentro con el arte
Hace treinta años yo estaba obsesionado por ir a museos y ver arte. No sabía si alguna vez tendría oportunidad.
Lo que me quedaba cerca era el Museo de Arte Moderno de Monterrey, MARCO. Además de las exhibiciones que ofrecía, estar en el precioso edificio lo hacía sentir bien a uno. Encima, en alguno de aquellos años organizó un ciclo literario al que fueron varios escritores a hablar de sus libros. Y visitar MARCO era caminar por la Macroplaza y el centro de Monterrey.
Después me fui a vivir al extranjero y he podido disfrutar de otros museos. Mi regla es sencilla: si hay uno cerca y parece razonable, voy. En un museo siempre hay algo interesante que ver.
En los últimos treinta años, sin embargo, nunca había vuelto a MARCO. Me daba temor que su presente me rompiera el corazón. Pero hace unas semanas volví. Y lo que sucedió fue que me arrepentí de no haber ido más veces en todos estos años.
Entré directo a la exhibición ‘Constelaciones y derivas: arte de América Latina de la Colección FEMSA’. Fue ver el primer cuadro —del Dr. Atl, de quien había escuchado mucho, pero cuya obra nunca había visto en directo— y saber que me la iba a pasar de lujo. Pasé las siguientes horas viendo piezas de artistas latinoamericanos que ya conocía y de otros de los que nunca había oído hablar y que me encantó descubrir. Algunas obras me divirtieron, en el buen sentido de la palabra. A otras les estuve dando vueltas un par de días.
Terminé satisfecho y cansado, pensando que la visita había valido ya la pena. Pero, por no dejar, decidí asomarme a la exhibición de Gabriel de la Mora, ‘Le Petit Mort’.
La primera pieza era un video de veinte minutos y me sentí un venado lampareado. En su cumpleaños 39, la edad en que su papá falleció, De la Mora está frente a una piñata exactamente igual a él mismo: pantalones negros, camisa blanca, zapatos negros, lentes para corregir miopía, la cabeza afeitada. Y De la Mora comienza a darle palos, uno tras otro, hasta contar treinta y nueve. Lo que va saliendo de la piñata es fantástico. Al final, De la Mora recoge todo laboriosamente, incluyendo el confeti rojo que simula sangre, y lo pone en una caja de plástico transparente.
El resto de la exhibición estaba lleno de piezas igual de [inserte aquí un emoji con la boca abierta de la impresión].
Hace muchos años, un grupo llamado The Ting Tings se hizo famoso con un single que se llama ‘Great DJ’. La canción dice que no importa dónde vivas, un buen DJ te da esperanza y te hace darte cuenta de que en el mundo hay más gente como tú.
Lo mismo sucede con un buen museo. Qué gusto haber vuelto a MARCO.