Mirador 12/11/2026
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Llegó sin previo aviso y me dijo de buenas a primeras:
–Soy el número uno.
Siempre he sospechado de quienes dicen ser el número uno. Después de tratarlos brevemente descubro que son el número mil, o 5 mil, o 200 mil. Así, me limité a decirle lo mismo que a todos les he dicho:
–Mucho gusto.
Noté que mi indiferencia lo mortificó.
–¿No cree usted que soy el número uno?
–Sí lo creo –respondí–. También les he creído a todos los que me han dicho que son el número uno.
Me pareció que deponía su enojo, pues me preguntó:
–¿Qué debo hacer?
Le aconsejé:
–Diga usted que es el número dos. Ese sitio nadie se lo disputará.
¡Hasta mañana!...