Mirador 18/06/2022

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Opinión
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La veleta se cansó de que la gente dijera siempre:

—Es tornadizo como una veleta.

Decidió entonces dejar de ser tornadiza, y un buen día amaneció inconmovible.

Soplaron fuertes vientos provenientes de los cuatro rumbos cardinales, y la veleta permaneció firme.

Entonces sucedió algo que los observadores han encontrado interesante: la casa empezó a girar. Aunque increíble, el fenómeno se antoja lógico: si la veleta ya no giraba, algo tenía que girar.

Al paso de los días todas las veletas de la ciudad imitaron a su compañera: todas dejaron de girar. Y ahora, por consecuencia, todas las casas giran.

La gente de la comarca ya no dice:

—Es tornadizo como una veleta.

Ahora dice:

—Es tornadizo como una casa.

¡Hasta mañana!...

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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