Mirador 19/09/2026
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Aquel hombre soñó que ya no soñaría nunca más. Sueño tendría cada noche, pero sueños no.
El hombre sintió una gran tristeza, pues en los sueños vivía lo que en la vida no. Podía volar, y hacer giros de golondrina por el aire. Contemplaba bellísimos pasajes de un país desconocido. Sobre todo, eran suyas las mujeres ajenas, que en el sueño le brindaban caricias nunca soñadas.
Así, cuando en el sueño soñó que ya no iba a soñar, el hombre se desconsoló. Trató de consolarse a sí mismo: ya no tendría sueños, pero tampoco tendría pesadillas, las cuales al fin y al cabo son igualmente sueños. Supo, sin embargo, que también de las pesadillas sentiría nostalgia.
En medio de su congoja al hombre se le ocurrió una idea: quizá podría soñar los sueños de otros. Puso un anuncio en el periódico: “Se compran sueños”. Le vendieron varios, y los pudo soñar, pero ni en sueños eran como sus propios sueños, de modo que ya no compró más.
Ahora el hombre va sin sueños por la vida. El único sueño que sueña es la realidad.
¡Hasta mañana!...