Mirador 25/09/2026
¿Por qué se me aparecen, si no creo en aparecidos?
El sábado último hablé con el fantasma de don Ignacio de la Peña y Dávila.
Gusta de aparecerse las noches de los sábados, según él mismo me contó en confianza, porque era cuando hacía el amor con su señora, doña Mariquita, y la busca para evocar aquellas ocasiones. No la encuentra nunca, pues ella se le esconde. Mujer de devociones, le disgusta hablar del tema.
Don Ignacio no es el único fantasma con el que me topo. Igualmente suelen venir a verme el de Lucita Gauna, que murió del corazón la víspera de su matrimonio; el del capitán Yervides, muerto en duelo con su mejor amigo; el de la niña Flor, a quien un fotógrafo de Saltillo retrató en su pequeño ataúd vestida de angelita; y el del perro llamado Kaiser, que mordió en una nalga a la esposa del alcalde porque entró a la casa sin aviso.
Le pregunto a don Ignacio:
–¿Por qué se me aparecen, si no creo en aparecidos?
Me responde:
–Tampoco nosotros creemos en ti, y sin embargo también te nos apareces.
¡Hasta mañana!...