Mirador 28/04/2026
Soy inquilino permanente de la duda.
Eso no me preocupa: de la duda surge más conocimiento que de la certidumbre. El que duda busca; el que se instala en la certeza deja de buscar. La duda mueve; el dogma paraliza.
Un tío mío, hermano de mi madre, llamaba “doña Cláusula” a su suegra. Sucede que la señora les prestó un piano a él y a su esposa, que quería aprender a tocar el instrumento.
–Pero el piano tiene cláusula –les avisó–. Al término de un año me lo devolverán.
De ahí lo de doña Cláusula.
También mi pensamiento tiene cláusula.
El pensamiento es para pensar, y nadie puede ponerle límites. Reclamo por tanto la libertad de expresar libremente mi pensamiento. Eso no es dádiva concedida por una ley o un gobierno. Es un derecho natural inherente a la persona humana.
Permítanme entonces presentarme.
Soy don Cláusula.
¡Hasta mañana!...