Nieve, chapopote y cruces

Opinión
/ 14 mayo 2023
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Otras corridas, a más de las de toros y las de los tranvías, hubo en México hasta principios del pasado siglo. Esas corridas tienen que ver con el Popocatépetl. He aquí que los habitantes de los pueblos situados en las faldas del volcán hacían comercio con el azufre que rendía el Popo. Después de sacar el azufre de su cráter se deslizaban volcán abajo por la nieve sobre un cuero de res. Cargaba cada hombre en las espaldas dos tercios −es decir, dos bultos o fardos− de 5 arrobas de azufre cada uno. La arroba es una medida de peso equivalente a 11 kilos y medio. Eso hacía del descenso, que recibía el nombre de “corrida’’, una operación arriesgadísima, una hazaña de habilidad y de destreza que quizá no podrían igualar hoy los más grandes campeones en los deportes de la nieve.

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Don Luis María Martínez, arzobispo de México, tenía muy grandes ocurrencias. Una vez lo visitó en su casa un prelado del Perú.

-Le presento a mi tía −le dijo don Luis−. También ella es peruana.

-¿De veras, señora? −preguntó interesado el visitante−. ¿En dónde nació usted?

-No, −se apresuró a aclarar don Luis María−. Es peruana porque a todo le pone pero.

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Del chapopote hablan Ximénez y Sahagún. Dice el primero: “...Cómpranlo las damas mexicanas a vilísimo precio, porque abunda, para mascarlo y traerlo en la boca con gusto particular, porque limpia y conforta los dientes y los vuelve blancos...”.

Dice Sahagún del chapopote: “...El mar lo echa de sí como las ondas, en señalados días conforme al creciente de la luna. Entonces se llama tzictli. Sólo lo mascan en público solteras y doncellas; viudas y casadas, en su casa; las públicas mujeres en todas partes: en las calles, en el tianguis, sonando las dentelladas como castanetas. Los hombres también mascan el tzictli para echar la reuma y para limpiar los dientes. Empero, hácenlo en secreto. Los que son notados de vicio nefando, sin vergüenza lo mascan. Los demás hombres, si lo mismo hacen, son tachados de sométicos...”. (‘Somético’ significa sodomítico).

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Sombrerete, un bello mineral de Zacatecas, está rodeado de cerros.

Cada cerro tiene una cruz en lo alto.

Son muchos cerros.

Son muchas cruces, por lo tanto.

Dice la gente de Sombrerete:

-Las cruces están ahí para que no entre el diablo.

Y dice la gente que vive en los pueblos vecinos:

-Las cruces están ahí para que no se salga el diablo.

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