No somos iguales...

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Opinión
/ 5 febrero 2026

Morena pierde, de manera acelerada, su capacidad para diferenciarse como ‘la alternativa moral e histórica’ respecto a los partidos de oposición

¿Qué ocurre cuando Morena pierde control de su narrativa de superioridad moral e histórica respecto a la oposición? ¿Qué sucede cuando dicha narrativa no apuntala su pretensión de transformar al país? ¿Dónde queda su bandera de regeneración nacional?

Morena pierde, de manera acelerada, su capacidad para diferenciarse como “la alternativa moral e histórica” respecto a los partidos de oposición. “No somos iguales”, insistían a la menor provocación. Y combativos, reiteraban: “Nosotros no robamos, no mentimos y no traicionamos al pueblo”.

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Sin embargo, esas consignas políticas toparon con pared: de 2018 a 2025 no han regenerado la vida pública; por el contrario, destruyeron el trabajo de miles de mexicanos que ofrendaron sus vidas por décadas para edificar los cimientos institucionales de una vida democrática.

Tampoco derrotaron a la “mafia prianista en el poder”, sino que la rebasaron por la izquierda para integrar una casta morenista con excesos tales que hacen ruborizar a los políticos más corruptos del orbe, localizados en Sudán del Sur, Somalia, Venezuela, Siria y Corea del Norte.

Y mucho menos transformaron México: desde 2018 el bloque legislativo de Morena y aliados ha promovido 60 reformas constitucionales y ha cambiado más de 100 artículos a la Constitución, con un objetivo en mente: modificar un régimen democrático por uno autoritario.

De esta manera, los morenistas centralizaron el poder en la figura presidencialista. Y para evitar cualquier rendición de cuentas y transparencia ciudadana, eliminaron los organismos públicos autónomos, tomaron control del Poder Judicial y del Tribunal Electoral federal para tomar por asalto, en fechas próximas, al INE.

Un sofisticado aparato propagandístico, empotrado en medios de comunicación y redes sociales, ha intentado recuperar una narrativa en declive, sobre todo ante una audiencia cautiva: los beneficiarios de programas sociales que han recibido, de 2019 a 2025, 3.565 billones de pesos.

Pero las tendencias son claras: con una narrativa fundacional desmoronada, Morena pierde de manera progresiva legitimidad ante sus propios militantes y seguidores. ¿Qué militante morenista de Coahuila, que no sea Luis Fernando Salazar, podría desmentir, sin perder una mínima dignidad, los vínculos de Adán Augusto López con La Barredora del CJNG, la red huachicolera y las empresas fantasmas y factureras? O probar que no utilizó sus influencias políticas para otorgar contratos públicos por más de 2 mil 300 millones de pesos.

¿Qué militante de Morena, en nuestro estado, defendería con argumentos racionales –no ideológicos– la inocencia de los hijos de AMLO (Andy, Bobby y José Ramón López Beltrán), señalados públicamente por presunto tráfico de influencias, enriquecimiento no explicado y vínculos con contratos públicos? ¿Dónde están Diego del Bosque, presidente estatal de Morena, o Tony Castro, diputado federal guinda, para poner el pecho por ellos, sin caer en el lugar infantil de decir: “son ataques de la ultraderecha fascistoide”? O espetar con aire de superioridad moral: “presenten las denuncias pertinentes”, como si Morena no tuviese control del aparato judicial federal.

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¿Dónde quedaron las voces de las mujeres morenistas de Coahuila en 2021, cuando Félix Salgado Macedonio estuvo a punto de ser gobernador de Guerrero, a pesar de las acusaciones realizadas por la Fiscalía de Guerrero en su contra por dos violaciones sexuales? Finalmente, AMLO dejó a la hija de Salgado, Evelyn, para que ambos gobernaran el estado.

De manera más cercana, ¿protestarán la senadora Cecilia Guadiana, la regidora Alejandra Salazar o la diputada federal Cintia Cuevas, todas coahuilenses, porque una asistente mujer del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar, se agachó para limpiar sus zapatos en un evento público el día de ayer? En verdad, les pregunto, ¿qué tan ciertas son las palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum cuando dice: “Hoy llegamos las mujeres a conducir los destinos de nuestra hermosa nación”? Porque el ministro presidente demostró, con su actitud heteropatriarcal, exactamente lo contrario el día de ayer.

Tenía razón AMLO cuando dijo: “No somos iguales”. En realidad, son peores. Lo cual, en su momento, era imposible de imaginar.

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Columna: Panóptico

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