Nuestras manos manchadas de sangre

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Opinión
/ 6 febrero 2026

Social e irresponsables

Ya nos fastidió el llanto del infante. En la fila del supermercado interminable. Sus padres le ofrecen el placebo. Le pasan el dispositivo móvil o la table. Con eso el berrinche o la inconformidad se va de lado.

Con la conciencia cauterizada, adormilamos sus conciencias. Les sacamos de nuestras vidas. Los convertimos en autómatas de la tecnología. Sus exigencias para los cumpleaños, navidades y días de reyes van en exabytes.

A mayor resolución, velocidad y descarga, nuestros hijos ya no toleran ningún objeto de gama baja. Todos deben estar actualizados. Por encima incluso ya del idílico 6G solo disponible en algunas plataformas y en China.

Fuera de nuestra matrix, la siguiente generación de usuarios sigue a las personas desechables. A las de vida escandalosa y sucia.

Con la inteligencia artificial se puede tomar el rostro de un infante y darle características sexuales, aun por encima de las reales.

Sucede en el bulín. Hemos encontrado rastros de mensajes infames. Enlodan la buena reputación y las convierten en personas desnudas.

El aceptar la culpabilidad del magnate Zuckemberg, frente a muchos de quienes determinaron cortar con sus vidas, incluso menores a los 13 años, es la llamada de atención de un iceberg tan doloroso y extendido.

Reconocer en cada familia, al principio de la fila o en los automóviles, cuando les pasan sus dispositivos móviles, les estamos entregando una 38 super cargada.

Cada click es un proyectil dando información de sus gustos, preferencias y de cada movimiento ocular.

Tenemos manchadas las manos de sangre. Social e irresponsables. Eso sí. Apapachando toda una tribu de suicidas. En su camino al paredón.

Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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