Nueva Legislatura Federal: ¿vuelven los contrapesos?

Opinión
/ 31 agosto 2021
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La oposición ha tomado el control de la Cámara de Diputados
del Congreso de la Unión. Por desgracia, este hecho no es necesariamente una buena noticia por sí solo

Ayer se instaló en el Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México, la sexagésima quinta Legislatura del Congreso de la Unión. Se trata de la generación de presentantes populares que acompañará la segunda mitad de la administración del presidente López Obrador.

El primer rasgo distintivo de la 65 Legislatura es que se trata de la primera que está integrada de forma totalmente paritaria, es decir, 250 bancas son ocupadas por mujeres y las 250 restantes por hombres, merced a una sentencia de último minuto emitida por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Más allá de este dato anecdótico, la composición de la Legislatura, medida a partir del número de miembros de cada grupo parlamentario, así como los acuerdos logrados para definir el gobierno de la Cámara de Diputados –única que se renovó en las elecciones del pasado 6 de junio– constituyen los datos relevantes que marcarán la historia de los próximos tres años.

De acuerdo con la información difundida, las tres fuerzas políticas con mayor número de representantes –Morena, el PAN y el PRI– acordaron la forma en la cual encabezarán la mesa directiva y la Junta de Coordinación Política (Jucopo), los espacios de poder real en San Lázaro.

Así, la Jucopo será encabezada el primer año por el PRI, el segundo por Morena y el tercero por el PAN, en tanto que la mesa directiva tendrá al frente, el primero año, a un legislador de Morena, el segundo a uno del PAN y el tercero a uno del PRI.

Con ello queda claro que el partido del Presidente perdió, para todo efecto práctico, el control del Poder Legislativo Federal y la oposición, formalmente integrada por los legisladores de los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, se ha convertido en un contrapeso al Poder Ejecutivo.

Lo anterior se complementa con otro hecho relevante: desde el inicio del actual sexenio, Morena y sus aliados han sido minoría en la Cámara de Senadores. Durante los últimos tres años este hecho no fue trascendente, porque Morena logró integrar –burlando la Constitución en opinión de muchos– una mayoría calificada que le permitió monopolizar el control de la Cámara de Diputados.

¿Es una buena noticia que el partido del Presidente no tenga más el control del Poder Legisaltivo? ¿Constituye por sí sola esta noticia un signo alentador respecto del derrotero nacional en los próximos años?

Por desgracia, no necesariamente. Y esto es así porque las fuerza políticas de oposición, aunque hayan prometido en campaña que se alzarían como un muro de contención para impedir los excesos del Poder Ejecutivo, no tiene una historia que convoque a confiar en su palabra.

Habrá que estar atentos por ello a lo que ocurra en las próximas semanas y meses y, sobre todo, mantener una férrea vigilancia ciudadana sobre nuestros representantes, a fin de impedir que los aparentes buenos augurios con los que ha iniciado esta Legislatura, se conviertan rápidamente en decepción.