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Palabras que deberían ser memorizadas: ‘Si esto es un hombre’

Opinión
/ 24 enero 2022
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Es imperioso abandonar la indiferencia ante las decisiones vitales que ejercen los gobernantes que nos representan

En memoria de mi abuelo Pilo.

El 27 de enero de 1945, aproximadamente a las tres de la tarde, la 332º división del Ejército Rojo llegó al filo de una puerta en cuya parte superior sobresalía un letrero que decía “Arbeit Macht Frei” (el trabajo os hará libres), ironía cínica al tratarse de la entrada de uno de los campos de exterminio más grande, terrible e inhumano construido por los nazis en Polonia: Auschwitz.

Ante la mirada de los soldados surgió una realidad imposible de describir: personas cadavéricas, muertas en vida, vagando sin rumbo; y entonces el mundo empezó a constar los rumores existentes sobre la masacre, el genocidio que durante la guerra habían realizado los nazis: 1.1 millones de seres humanos habían sido asesinados en ese lugar, el cual fue concebido para dar marcha al mayor programa de limpieza étnica de todos los tiempos.

En este contexto, se calcula que en todos los campos de concentración y de exterminio más de seis millones de personas fueron asesinadas por los nazis por el mero hecho de ser judías y más de once millones de ser humanos por tener discapacidades o ser considerados “minorías” indeseables para los nazis.

Este lugar, en donde se planificó e industrializó la muerte, a la vez se integraba por tres grandes campos de extermino: Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau (campo de concentración y exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo).

Y no exagero al decir que la muerte ahí se industrializó ya que todo se aprovechaba: el cabello de los ejecutados para fabricar textiles, las cenizas de los muertos para fertilizantes y el oro de las dentaduras de las víctimas para acrecentar las reservas del Reich.

Por esta razón, esta fecha -el próximo jueves–, se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

CUIDADO...

En estos tiempos donde los propios miembros de la comunidad se perciben como enemigos; donde los nacionalismos, los populismos, la intolerancia y el racismo -“sistemas” que bestializan a las personas-, pululan en infinidad de países, es necesario que las realidades del holocausto sean fundamentales de recordar, para profundizar los conocimientos sobre lo que sucedió en esos campos de exterminio y, sobre todo, para educar a las nuevas generaciones a fin de que hechos similares jamás vuelvan a ocurrir; para que todos comprendamos que el odio y la división, al ser el fermento de la intolerancia, conducen a la guerra, a la destrucción y la muerte.

Para que sepamos que estas formas de pensar, de vivir y gobernar conducen al abismo de nuestra propia humanidad.

LOS QUE...

En el libro del italiano Primo Levi, de carácter autobiográfico, cuyo título lleva esta entrega (El Aleph Editores, 2006), narra su durísima, desgarradora y verídica experiencia, con el número tatuado 174517, sobre la catástrofe humana condensada en el campo de exterminio de Auschwitz.

Al principio del libro Levi comparte un poema que bueno sería tener presente para recodarnos humanos; para saber que nadie nos debe ser ajeno; para que jamás el otro, el prójimo sea el diferente, el enemigo, el descartado, el invisible: “Ustedes que viven seguros/ En sus cálidos hogares/ Ustedes que al volver a casa/ Encuentran la comida caliente/ Y rostros amigos/ Pregúntense si es un hombre/ El que trabaja en el lodo/El que no conoce la paz/ El que lucha por medio pan/ El que muere por un sí o un no/ Pregúntense si es una mujer/ La que no tiene cabello ni nombre/ Ni fuerza para recordarlo/ Y sí la mirada vacía y el regazo frío/ Como una rana en invierno/Piensen que esto ocurrió:/ Les encomiendo estas palabras./ Grábenlas en sus corazones/ Cuando estén en casa, cuando anden por la calle/ Cuando se acuesten, cuando se levanten;/ Repítanselas a sus hijos./ Si no, que sus casas se derrumben/Y la enfermedad los incapacite/ Y sus descendientes les den la espalda”.

Estas palabras deberían ser memorizadas con la seriedad y gravedad que implica observar cotidianamente los odios actuales impulsados por políticos desquiciados, profesionales de sus propias carreras, que hacen promesas a sus seguidores a sabiendas que serán incumplidas; que provocan que la gente multitudinariamente vaya en procesión a recoger flores al borde del precipicio; todos ellos auspiciados por la evidente desigualdad, la injusticia y por la peor de las enfermedades sociales: la ignorancia.

TENER PRESENTE...

Para darse una idea, aunque sea lejana, de lo vivido en los campos de concentración solo basta leer varios pasajes del libro de Levi:

“Por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. [...] No tenemos nada nuestro: nos han quitado la ropa, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre; y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca”.

“Pensad cuánto valor, cuánto significado se encierra aún en las más pequeñas de nuestras costumbres cotidianas, en los cien objetos nuestros que el más humilde mendigo posee: un pañuelo, una carta vieja, la foto de una persona querida. Estas cosas son parte de nosotros, casi como miembros de nuestro cuerpo [...] Imaginaos ahora a un hombre a quien, además de a sus personas amadas, se le quiten la casa, la ropa, todo, literalmente todo lo que posee: será un hombre vacío, reducido al sufrimiento y la necesidad, falto de dignidad y de juicio, porque a quien lo ha perdido todo fácilmente le sucede perderse a sí mismo”.

“Quizás no se pueda comprender todo lo que sucedió, o no se deba comprender, porque comprender es casi justificar. Me explico: ‘comprender’ una proposición o un comportamiento humano significa (incluso etimológicamente) contenerlo, contener al autor, ponerse en su lugar, identificarse con él. [...] Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”.

LO YA VIVIDO...

Ante tanto horror, conveniente sería considerar, en el marco del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, lo que la inmensa Hannah Arendt comenta en relación a toda clase de totalitarismos, al argumentar que éstos sistemas no buscan en si la dominación sobre los demás, sino que son movimientos deshumanizadores, de mil caras, que destruye la personalidad, que son sistemas, minuciosamente pensados y edificados, donde las personas paulatinamente pierden sus derechos, sus identidades al hacerlas superfluas; al anular el pensamiento, la voluntad, el juicio y la capacidad de actuar en libertad. Un sistema que elimina el poder de la palabra y ahoga todas las dinámicas positivas de la condición humana.

Son sistemas que intencionalmente destruyen las capacidades políticas de los ciudadanos y también sus vidas privadas.

Por ello, hay que buscar siempre la pluralidad, donde prevalezca el respeto ante la diversidad. Por ello, es urgente aprender a ser ciudadanos actuantes, activos y tolerantes, respetado siempre la vida, construyendo una sociedad justa desde el cimento de la libertad.

Por ello, es necesario dejar de ser espectadores. Es imperioso abandonar la indiferencia ante las decisiones vitales que ejercen los gobernantes, los diputados y los senadores que nos representan.

ESPERANZA...

Arendt nos convoca a asumir una actitud que nos permita comprender el momento que vivimos, considerando la grandeza de la acción que nos otorga la libertad que es el compromiso que cada persona hace de vivir siempre de acuerdo consigo mismo, pero según un proyecto vital que ha sido puesto al servicio de los otros.

La esperanza reside en recordar “Si esto es un hombre” para no olvidar lo vivido por Primo Levit y millones de inocentes personas en el Holocausto; asumiendo también la responsabilidad y el compromiso de la acción personal para, desde nuestras humildes trincheras, transformar para bien nuestro medio ambiente inmediato, nuestra comunidad. Nuestro país.

Programa Emprendedor

Tec de Monterrey

Campus Saltillo

cgutierrez@tec.mx

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