París bien vale una misa

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Opinión
/ 12 octubre 2025

Es una ciudad que tiene ahora, por alguna extraña razón, más parisinos cálidos; en la generalidad han abandonado ese aire seco al hablar

Para Andrea Ayala-Luna Corrica

Los ciclistas son los anarquistas contemporáneos en la ciudad; se aparecen en dirección correcta, exactamente por donde los puedes esperar, es decir, sobre los carriles diseñados para ello. Y también en el sentido opuesto, sin aviso previo, adentro o fuera de su demarcación, avanzando sobre banquetas o en contra del flujo de una calle. Si no atiendes, pasan rozando tu nariz. Alcanzan velocidades considerables y representan un porcentaje significativo que avanza en trajes sastre, ropa deportiva o vestidos de gala y zapatos de aguja. No importa si invaden zonas peatonales o andan por carriles permitidos, fluyen con maestría y cargan gatos o hijos en canastillas, instrumentos musicales sobre sus espaldas o los víveres del día.

Son dueños de timbres discretos que hacen sonar de cuando en cuando. Al conversar con una artista parisina, en forma jocosa, compartimos el mismo temor, es más probable ser arrollada por un ciclista que por un auto. Así son los flujos en esta Ciudad Luz, que es un emblema al que se acude para ver el esplendor de antiquísimas edificaciones sagradas, en donde diablos y ángeles vigilan desde las alturas.

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Es una ciudad que tiene ahora, por alguna extraña razón, más parisinos cálidos; en la generalidad han abandonado ese aire seco al hablar. Es una percepción que comparten otros habitantes que migraron y tienen ya allí más de 30 años de integrarse; este cambio de actitud puede ser resultado del COVID-19, dicen.

De todas formas, creo que otro ingrediente de este cambio es el orgullo que permanece de reconocer lo que París significa para la cultura, el arte y los movimientos sociales que, con su ejemplo, se gestaron en otras latitudes, como ocurrió con México.

Durante mi estancia en París se llevaron a cabo manifestaciones en favor de mayores derechos laborales y de jornadas más reducidas. Hace unos meses fueron a votar para solicitar el cambio de concreto por mayores áreas verdes, y ya está ocurriendo esta metamorfosis.

Los parisinos siguen con esa fascinante costumbre de reunirse todavía a conversar en las tardes, alrededor de un café o una cerveza. Pueden verse nacer conversaciones entre desconocidos o solitarios personajes que toman el sol, en silencio. Aquí hay más espacio para las conversaciones en cafés o bares, sin el protagonismo del celular.

Las personas que dan vida a París se engarzan en sus distintos colores y procedencias, entre velos que cubren cabelleras, con densos ropajes, o bien, con faldas minúsculas en una helada tarde, enmarcándose por largos abrigos. Incluso cunden sombreros norteños que traen hasta estas latitudes la influencia mexicana más norteña. Y fue posible también ver por las calles atavíos extravagantes profundamente atrayentes, resultado de la semana de la moda en París.

Piedras talladas con una inmanencia medieval, energía que ha impregnado las calles. Avanza ese espíritu, es el perfume del aristocrático esqueleto parisino conformado por edificaciones y esculturas soberbias que descreen el paso del tiempo.

Los museos son aquí –siguen siendo– templos de adoración y contienen objetos que llegaron de forma dudosa a integrarse a colecciones bien resguardadas. El jardín de las plantas, que se encuentra justo al lado del Museo de Historia Natural, y su espléndida exposición temporal sobre los desiertos del mundo son legados protegidos que recorren turistas o locales. Y en el Museo del Louvre, la escultura del Hermafrodito Durmiente es un tesoro de la humanidad que, por fortuna, y gracias a la larga tradición cultural de esta nación, jamás será cuestionada ni destruida por mentes obtusas, y permanecerá como una joya de lo que también puede ser el arte: la mirada con libertad que muestra una hermosa figura con pechos turgentes, cuerpo delicado y también con testículos y pene.

El Sacré-Cœur y sus ríos de fieles creyentes o ateos que avanzan o la rodean hasta tocar Montmartre. Y Notre Dame con su misa albergando a una mujer en eléctrico azul, cantando en latín de la forma más delicada e imponente, sigue humedeciendo mi corazón; este acto generado por la liturgia que ella encarnó, palidece y disuelve la historia de dolor provocada a través de siglos; dejando clara, una vez más, la naturaleza humana, fuente de contradicciones y sus frutos de diversos registros.

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El viento arrastra las hojas secas con su particular melodía. Se mezcla con aroma de pan a veces, otras a orines y con los olores de las tiendas de campaña que han llegado para quedarse en, por ejemplo, los márgenes del puente Saint-Michel, que abraza al río Sena, en donde los inmigrantes duermen.

Entro a la barra del bar Le Progrès, mientras contemplo al fondo la silueta del Sacré-Cœur iluminada, y empiezo a escribir.

El vocablo “misa” proviene del latín missa, que significa “despedida” y refiere a la fórmula final que da el sacerdote para despedir a los fieles al concluir la celebración eucarística.

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Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila, 1969). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2024-2027). Es licenciada en ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, Maestra en Historia Contemporánea por la IBERO Saltillo y doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila.

Entre sus libros de poemas figuran Amenazado y brillante (Mantis Editores, México 2025), Donde la piel (Mantis Editores y CONARTE, México 2019), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Ruido de hormigas (Gatsby Ediciones, México 2005) y Casa de sol (FECA-CONACULTA, 1995). Entre otras antologías, aparece en el Anuario de poesía mexicana (Fondo de Cultura Económica, 2006), en Hacia un azul imposible (CEPE-UNAM/El tapiz del unicornio, 2023) y en Semillas de Nuestra Tierra. Muestra Ecopoética Mexicana (Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra y Cactus del viento, 2023).

Entre las revistas en las que ha publicado, destacan Southwest review, Dallas TX volumen 109, número 2; la revista de poesía contemporánea de Valencia 21veintiúnversos y Lichtungen, en el apartado Literatura del norte de México. Sus poemas traducidos, se imprimieron en muro en el Instituto Cultural de México en París, acompañando esculturas de Avelina y Alejandro Fuentes Quezada en la exposición Extinción Continua (2021). Fotografías medioambientales y video poemas fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi, en Tánger (2021). Participó en una mesa literaria y en la muestra de arte visual coahuilense titulada Segar el mar con un poema visual, dentro del 49 Festival Cervantino (2022). Una selección de poemas sonoros trabajados alrededor del poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, se dejaron escuchar en el Memorial Marie-José Tramini y Octavio Paz, en el Colegio de San Ildefonso, dentro del Festival Naturaleza y Poesía 2023 organizado por la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz.

En junio de 2024 fue invitada por la Universidad de Varsovia a compartir sus procesos creativos. Fue becaria del FONCA, FORCA y PECDA. Parte de su poesía ha sido traducida al árabe, francés, alemán, inglés y polaco. Hasta el día de hoy se desempeña como directora de divulgación científica y proyectos en el Museo del Desierto, de Saltillo, Coahuila, México, donde es integrante fundadora. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medioambientales del mundo y en sus sitios https://claudialunafuentes.com

IG: @clunafuentes

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