Pecados... avaricia

Opinión
/ 18 abril 2022
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Pecados capitales. Todos padecemos al menos uno. O varios. O los hemos padecido en alguna etapa de nuestra vida. ¿Son suficientes siete pecados o hay más o es necesario actualizarlos y desplazar alguno e insertar o incorporar otro u otros? ¿Cómo cuáles? Hartos, hartos comentarios y glosas están cosechando esta saga de textos. Así mismo, recibí las anteriores preguntas de un atento lector. Aunque luego lo voy abordar particularmente en este espacio de VANGUARDIA, hoy respondo: sí.

Una lista tentativa de nuevos pecados capitales a mi juicio, debería de incluir los siguientes: los celos, los funestos celos; la injuria, la cobardía, la injusticia, la violencia sádica en México, la venganza (creo usted lo ha notado, a últimas fechas lo anterior ha tenido carta de residencia en la región. Tengo muchos ejemplos al respecto, pero vaya uno de los últimos: el pasado 9 de abril, el médico Jorge Osvaldo “N” fue asesinado de dos tiros en la Clínica del Magisterio de Piedras Negras, como venganza al parecer por haber tocado en una consulta pretérita a un niño de 8 años. Fue el papá y lo mató por venganza), el miedo, la fiesta...

¿Tener miedo o irse de fiesta es un pecado? En estos tiempos los cuales corren y nos asisten, sí. En su momento se lo voy a probar. Y ya hablando de esto, el sabio editorialista de esta casa periodística, Carlos Alberto Arredondo, me ha hecho varios y atinados comentarios sobre esta saga de textos. Me ha nombrado películas, música y libros los cuales pues sí, están quedando de lado por lo recortado del espacio. En una dilatada tertulia de al menos dos horas, me ha puntualizado detalles los cuales ya tengo en notas y sí, próximamente aquí las dejaré por escrito.

“Vanity: my favorite sin...” La poderosa línea es de Al Pacino, cuando interpreta al maligno en la célebre película de “El abogado del diablo”. Cinta la cual me la ha traído a mi memoria el sabio Carlos Alberto Arredondo. Vanidad, caray, sin duda, un gran pecado al igual a la soberbia, al igual a la lujuria, al igual a la gula, al alcoholismo; al igual... a la avaricia.

Antes se editaban bellos libros. No más. Hubo un tiempo en la antigüedad (apenas años atrás) en el cual se editaban enigmáticos libros. Fue el tiempo de editorial Bruguera. Había una colección de la cual ya no tengo el nombre en mi lengua, pero casi tuve toda la colección en mis manos ¿Dónde quedó con tanto cambio de residencia? No lo sé. Pero ¡demonios!, como la extraño y pagaría lo inimaginable por volverla a disfrutar.

Dentro de esa colección hay un cuento largo o novela corta: “El hombre que lo tenía todo, todo” del Nobel Miguel Ángel Asturias. ¿Argumento? El título del volumen lo anuncia: el hombre lo tenía todo. Pecado de avaricia. ¿Usted lo padece lector? En mi caso es lo contrario: lo poco lo cual tengo, tiendo a dilapidarlo. ¿Dinero? Lo boto de mis manos, de mi bolsillo y de mi enjuta humanidad. Por lo general va a parar a manos de mis musas. Lo merecen.

Esquina-bajan

¿Voy a cambiar, debo de cambiar? Tal vez sí, pero a estas alturas de mi vejez es casi imposible. ¿Ser avaro como Mr. Scrooge, el célebre contable pergeñado por mi amado Charles Dickens en su “Canción de Navidad”? Mmh. Sin duda, no. Es mejor regalarlo todo y a manos llenas. Poner en práctica el aforismo lapidario de Gerardo Blanco Guerra, el hombre el cual más sabe sobre Derecho Electoral en el Norte de México. Letra por letra su axioma es invulnerable: “Hay que irnos con la vida muy raspada, ligeros de equipaje y con las cuentas bancarias vacías”.

¿Avaricia? Caray, ni el prestigiado abogado Blanco Guerra ni su servidor lo practicamos. ¿La avaricia es un pecado de cuerpo o del alma? Aquello lo cual anima y nos insufla eso, vida. Sin duda, es una enfermedad y tribulación del alma. Y este pecado es amargo y termina por matar y podrir a quien lo padece. Según el creador de todo esto, el poeta Dante Alighieri, los avaros están en el purgatorio “echados y atados al suelo”. ¿Y sus posesiones materiales? El dinero, nos dice la Biblia, es un escudo el cual da seguridad y protección, pero no es un fin. No debe de ser un fin en sí mismo. El parágrafo es el siguiente de varios: “Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero...” Eclesiastés 7:12.

¿Estoy poniéndome trivial cuando en texto pasado dije de ciertos pecados capitales los cuales son, digamos, menores a estos pecados de alma? Pecados como la lujuria, el alcohol, la gula y la pereza, siento, son de rápida y mejor solución a los terribles de la mente y alma: envidia, ira, soberbia, avaricia. Una atenta lectora me dijo no coincidir con esta teoría mía. La respeto. Pero vaya, no estoy inventando nada. Si hasta la propia Biblia dice cuando uno es infiel y se entrega a la lujuria, éste se quita... bañándose.

Le repito el parágrafo: “Mandó David a preguntar por aquella mujer y le dijeron: es Betsabé... y envió David mensajeros, y la tomó, y vino a él y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.” (2ª De Samuel 11. 1-21). Betsabé se bañó y fin de su “inmundicia”. Por lo demás, en Juan 5. 14-21, se lee la definición de pecado: “Toda mala acción es pecado...”

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