Pecados... la ira
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En el texto pasado, hablamos brevemente de varios pecados capitales: la lujuria, la gula (trocado en el tremendo y fiero alcoholismo), la soberbia. Hicimos un rápido liminar al respecto al presentárselos a usted en voz de quien realmente los diseñó para la eternidad: ningún dios ni dioses, sino un poeta, Dante Alighieri (siglo XIII).
Para este tipo de proyectos de ideas y de escritura, todo espacio es limitado. La gula merece más atención en próximo texto, lo prometo. Aunque siempre tengo muchas notas al respecto, las sistematicé y he releído hartos textos para presentarle esta saga de los “7 Pecados Capitales.” Le repito también lo de la ocasión anterior: hay varios y muy buenos autores los cuales han cometido semejante tema con donaire y galanura en sus letras. Pero, ofrezco estas nuevas ideas y letras las cuales, ojalá sean de su agrado e interés.
Un atento lector, profesor universitario, cuando telefónicamente le avisé de este proyecto de letras para esta columna en las páginas de VANGUARDIA, inmediatamente me recordó una película de Hollywood, de las mejor logradas en su momento y de gran repercusión aún hoy: “Seven”, del director David Fincher. En esta, un psicópata, un asesino ilustrado (dejó decenas de libretas con anotaciones de las cuales nada sabemos. Recuerdo un detective de un par de ellos. Es Morgan Freeman quien sale en una secuencia, leyendo sobre pilas de ellas), va matando en base a los pecados capitales.
Cinta espléndida, bien lograda, pero este tipo de psicópatas, digamos, filosóficos, son de celuloide y en la vida real, no existen. Existe violencia extrema, sadismo sin límites, ausencia de inteligencia y sí... una ira desbocada. ¿Para usted, señor lector, cuál es el peor pecado capital y acaso, de donde nacen los otros? Según el primer Papa de la historia y el mismo Dante Alighieri, es la soberbia. Hoy estamos abordando la ira. ¿Considera usted el sentimiento y pasión de la ira como algo menor, habría necesidad de agregarle luego la venganza? No poca cosa.
Avanzamos. ¿La ira es un atributo humano o también lo encontramos en el Dios cristiano o en la multitud de dioses de varias culturas? Ira y venganza, ¡tremenda combinación! Solemos poner como ejemplo de vida y obra al maestro Jesucristo. Lleno él de todo lo positivo lo cual debemos imitar. Cualidades tales, hoy más de 2 mil años después de su vida nos siguen impactando. ¿Era perfecto? No. Fue acusado de varios pecados capitales. Si usted indaga la Biblia (católica o cristiana) con ojos críticos, encontrará muchas perlas donde aparece un Jesucristo humano, no tanto divino.
El maestro de Cafarnaúm fue acusado de satánico (Marcos 3, 22-30); fue acusado de estar loco, de haber perdido la razón (Marcos 3, 20-21). Abro paréntesis rápido: de ser cierto lector, la humanidad, los creyentes como yo, seguimos la doctrina de un loco. Así de sencillo. Llegamos al punto lo cual se lo comenté en el texto pasado: fue acusado de ser un glotón y bebedor (Marcos 2, 13-17) y sí, lo de hoy: padeció la ira (Marcos 3, 1-6).
Esquina-bajan
Un solo evangelista, Marcos, habla de lo anterior, pero lo retrata iracundo y fuera de sí. Continuando con la Biblia, usted lo sabe, mucha gente piensa de lo siguiente: la Iglesia cristiana, católica, da igual, está fundada sobre una traición. La fundó un traidor (conversión, le llaman), Pablo: dejó de ser Saulo el judío y se hizo cristiano, Pablo de Tarso. A Pablo se le pueden rastrear no pocos pecados, yerros, intolerancia y toda suerte de defectos humanos. El pecado de la ira era recurrente en Pablo. De la ira pasaba en un segundo a la cólera (sí, como el gran guerrero Aquiles, deletreado por Homero en su poema “La Ilíada”).
Y no pocas veces Pablo, el de Tarso, conocedor del Antiguo Testamento, de la Torá, citaba las escrituras donde hacía referencia a un Dios iracundo y colérico: “... juré en mi ira, no entrarán en mi reposo...” Hay varias citas al respecto, remito al lector a leer y releer su Biblia. La ira, insisto, lleva a la cólera y a la venganza. Y siguiendo con ejemplos bíblicos, lo anterior y no otra cosa es el motivo del asesinato de Abel, a manos de su hermano Caín. Y aquí señor lector, tenemos dos pecados capitales. Bueno, tres, el único el cual nunca es perdonado por Dios. Aparece la envidia de Caín sobre Abel, viene la ira de Caín y luego, la venganza: lo mata (Génesis 4, 1-9).
En la literatura, en el cine y en la historia hay muchos ejemplos de la ira como motivo de obras. Dos de las más famosas en cine y literatura son “La naranja mecánica” de Anthony Burgess, novela popularizada por la cinta de Stanley Kubrick (1971), y una película de colección, “Robocop”, de Paul Verhoeven (1987). Usted lo recuerda; en la novela/ cinta, el personaje es Alex DeLarge, un jovenzuela de 15 años el cual acumula tanta ira en su interior, la cual canaliza de manera violenta. En la cinta de Paul Verhoeven, sangre, ira y violencia son un coctel de análisis para siempre.
El gran Dante Alighieri sienta en la segunda o tercera grada del Purgatorio (en verdad, no lo recuerdo exactamente) a los humanos con este sentimiento: la ira. “La cólera canta, oh diosa, del Pélida Aquiles,/ maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,/ precipitó al Hades muchas valientes vidas...” Homero lo sabía: la ira, la cólera funda vidas e imperios; no el amor.
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7 pecados capitales. ¿Cuál es el suyo?...