Peladeces
COMPARTIR
La musa de Pichorra era traviesa. En efecto, usa en su poesía el doble sentido y esa picardía que forma parte del modo de ser del yucateco
Felipe Salazar, alias “Pichorra”, fue famoso poeta popular. Nacido en Yucatán en el pasado siglo, sus versos andan aún en boca de la gente y forman parte ya del riquísimo folclor de la Península.
La musa de Pichorra era traviesa. En efecto, usa en su poesía el doble sentido y esa picardía que forma parte del modo de ser del yucateco. En Mérida subsiste el teatro popular, de tandas, donde es posible oír muy grandes badomías que sacan la risa de la gente.
A ese talante corresponden los versos de Pichorra. Como ejemplo he escogido una fábula que más o menos puede ver la luz en una hoja pública. Las demás cosas suyas son impublicables, y sólo se pueden conocer en ediciones apócrifas que pasan de mano en mano, pero que no se hallarán jamás en librería.
La fábula que digo se llama
*
La codorniz
*
Cierta codorniz de un prado
miraba a ojo torcido
de una oropéndola el nido
en una rama colgado.
*
“Si el nido no está habitado
se dijo, no anido abajo,
pues aunque tenga el trabajo
de subir y de bajar,
al cabo he de disfrutar
de buen viento... ‘¡qué carajo!”.
*
Al nido al punto subió
y lo halló como deseaba,
ningún bicho lo habitaba
y en él enseguida ovó.
*
Mas de repente sopló
recio vendaval de Oriente;
la rama al fin se resiente
y cae haciendo gran ruido,
quedándose el pobre nido
hecho una torta indecente.
*
Que te sirva de lección
lector, este desengaño.
Jamás uses nido extraño
sin temerle a un ventarrón,
ni habites furtivamente
los nidos viejos o nuevos,
porque un viento de repente,
te puede romper los huevos.
¡Y ésta es de las menores groserías de Pichorra!