¡Gracias, Don Raúl! (3)
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Bajo ese sol político-religioso que escupía anticomunismo atado a un catolicismo del Siglo XIX, aparecía una marejada de curas y laicos comprometidos con la teología de la liberación.
En América Latina, miles de ellos fueron acribillados por militares para regar con su sangre la esperanza de otro mundo posible; mientras los altos prelados sudaban la gota gorda para mantener la apariencia de su roída “santidad”.
La mezcla profética de Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff -entre muchos- con la militancia de Camilo Torres y Óscar Romero -entre otros- alumbraron en México la presencia de Sergio Méndez (1907-1992); Arturo Lona (1925-2020); Samuel Ruiz (1924-2011) y Raúl Vera (1945- ).
Ellos 4 han representado la mejor versión en México, de la iglesia latinoamericana comprometida con una frase: “El pobre, primera razón de nuestra esperanza”.
Vera llega a Saltillo en diciembre de 1999 para cimbrar las consciencias conservadoras de una ciudad con fuertes reminiscencias de la Colonia. Encuentra una Diócesis sin Plan Pastoral; fracturada en feudos; envuelta en un clericalismo separado de los laicos y distanciada de una opción preferencial por los pobres.
Las élites económicas y políticas saltillenses -más cercanas a Marcial Maciel y Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) que a Juan XXIII y al Papa Francisco- lo hostigaron de manera sistemática, una y otra vez. Sin faltar, claro, los ataques de los fariseos de la palabra que suelen vender su alma al mejor postor.
¿Qué legado deja el Obispado de don Raúl -Emérito desde junio 2 de 2020? Dio a la Diócesis un Plan Orgánico de pastoral; puso de relieve el protagonismo de los laicos y enfatizó la dimensión social del Evangelio con una opción clara por los olvidados por la historia y la sociedad; los pobres y desprotegidos -migrantes, prostitutas, homosexuales, transexuales y familiares de desaparecidos.
Sacerdotes y laicos comprometidos realzan su legado con estas palabras: “con usted, don Raúl, presbíteros, miembros de la vida consagrada, laicos y laicas, hemos remado mar adentro, cambiando nuestra manera de ver, de pensar y de ser Iglesia. Iniciamos un camino de conversión pastoral para el que no hay vuelta atrás”.
Por ello y más; ¡gracias, don Raúl!