La Villalobos… (†)
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La vida es llama, fuego purificador y música vocinglera; ¿la muerte?, la muerte es silencio
¿Cómo que se murió la Villalobos? ¿Cómo que se murió mi amiga y admirada actriz, la gran Leticia Villalobos, la gran Lety Villalobos? De no creerse, pero desgraciadamente sí, murió la primera actriz Lety Villalobos, la Villalobos. Murió en días pasados a la edad de 60 años. Pocos para ser exactos y en honor a la verdad. Desgraciadamente y al parecer, estaba enferma de ese mal silencioso y voraz, la maldita y emperrada diabetes. Mediante un mensaje SMS, quien me avisó de su muerte fue su amigo también, Sergio Guadarrama. De no creerse su muerte, como las muertes de tantos otros amigos del arte. Mi panteón particular se muestra pródigo en cruces. Y es que a mi edad, los de mi generación caen ya muertos como moscas. Por un motivo u otro. Es la ley de la vida, pero no deja de ser doloroso que aquellos seres humanos con los cuales peleamos codo con codo en la vida, ahora ya no estén. Ya no estarán más entre nosotros y habitando esto llamado tierra.
La vida eterna dura tan poco, que apenas es un soplo. La vida es llama, fuego purificador y música vocinglera; ¿la muerte?, la muerte es silencio, crujir de dientes primero, luego la nada. Por eso Eclesiastés 9:5 advierte que “los muertos… no tienen conciencia de nada en absoluto”. No sienten, no ríen, no actúan, no mienten, no sufren, no lloran; nada (Salmos 146: 3-5). Los muertos, muertos están. Y muerto está, y lo he recordado tanto en estos días, el gran actor y director de teatro el cual era mi amigo, don Jesús Valdés. Y en esta gran fraternidad de los que amamos y vivimos la cultura en cualquiera de sus manifestaciones, hoy la gran Lety Villalobos nos ha dejado con un palmo de narices y se ha ido discretamente, mientras la pandemia del virus chino hace estragos en la humanidad y en nuestras vidas.
Tenía bastante tiempo sin saludar a la maestra Villalobos. ¿Cuánto? No lo sé. Mucho. Meses. Tal vez, años. Ya salgo poco en la ciudad, cuando estoy en esta ciudad a la cual amo y detesto a partes iguales. Y cuando salgo, aquellos lugares de juventud frecuentados en su momento, pues ya no son lo mío. Ya poco coincido con mucha gente. Tengo muchos años cultivando mi soledad, casi llegando a ser un misántropo moderno. La vida aprieta en la ventana y es necesario abordar las horas, los días y las semanas de la mejor manera. Deletrearlas y paladearlas a plenitud. No robándole tiempo a esas horas y días, sino agregándole eso precisamente: tiempo, hechos, riqueza, experiencia, letras, recuerdos.
¿Todo tiempo pasado en el cual nos formamos, es mejor a este que hoy nos asiste? No lo sé. Cada quien tendrá su mejor opinión al respecto. Pero tiempos, de los de hace apenas años, cuando en la tarima del teatro convivían Edmundo Arizpe, Jesús Valdés, Leticia Villalobos, Susana Mendoza, René Gil, Lupina Soto, Amado Ramírez, el recordado Alejandro Santiex, Homero Craig, Juan Antonio Villarreal, Gustavo García…
ESQUINA-BAJAN
En aquellos años se bajaba el telón por un día, pero al siguiente ya se planeaba la nueva obra, el nuevo repertorio. Sin duda, la Villalobos ya está unida a la eternidad junto a actores y directores consagrados, los cuales forman parte de nuestro ADN de la dramaturgia norestense. Es el caso de doña Carmen Aguirre de Fuentes, Héctor González; el telúrico y efectista Alejandro Santiex, Honorato Teissier; el inolvidable Jesús Valdés. En fin, todos ellos amos y dueños de los escenarios y las tablas.
De la maestra y primera actriz Leticia Villalobos recuerdo su actuación en papales de gran carácter: “Bodas de Sangre”, “Contrabando”, “Cuando los Ángeles Lloran”. Ya luego, la Villalobos se decantó por la enseñanza y la pedagogía. Al parecer y por muchos años fue directora de Educación Artística en la Secretaria de Educación. En su caso, la burocracia no le ganó la partida a la creación, sino que fue su complemento ideal. Y qué bueno que la maestra se dedicó a la formación de muchachos en la escuela (al igual que Chuy Valdés). Eso le permitió ganar dinero para eso llamado vida diaria, situación que vivir del teatro, de las artes, de la escritura, siempre es tarea riesgosa que termina por devastar al creador en turno.
Con una carrera de poco más de 40 años, la Villalobos vivió a plenitud su vida. Insisto, se fue joven, apenas 60 años. Y se ha ido joven como muchos otros amigos y hermanos de ruta de quien esto escribe. A mi generación en este aspecto, pues no le ha ido nada bien. Hace poco y en este mismo espacio recordé a una querida compañera de los medios de comunicación, María Luis Alvarado. Se fue de sopetón. Complicaciones de salud le arrebataron su vida apenas en días. Y era mucho más joven a este escritor. De igual manera, amigos y hermanos entrañables como Susana Mendoza, Héctor Cabello, Reynaldo Ramírez, Armando Sánchez, Alejandro Santiex, María Luisa Alvarado, Fernando Díaz y otros amigos de otras latitudes, se han ido en edad madura y en plenas facultades de vida y creación.
Johann Goethe, en su inconmensurable “Fausto”, hace espetar al mismísimo Mefistófeles en uno de sus pasajes: “Uno se hace viejo, pero, ¿también cuerdo?”. No lo sé. La cordura no va con uno como artista dedicado y atento a la polución de las ideas. La mesura y cordura es para gente normal, la cual piensa en un futuro inexistente, tiene sus cuentas bancarias al día y su Afore para el retiro, listo y en orden. A mí, usted lo sabe, nunca se me ha dado lo anterior. Tampoco me importa. Ni mucho ni nada. Lo único: hay que vivir. Bien, de preferencia. Y lo cierto es: murió la primera actriz Lety Villalobos y eso me ha dejado un soplo en mi corazón.
LETRAS MINÚSCULAS
Descansa, buena amiga. Ya descansa la Villalobos…