Los Viesca

Politicón
/ 25 marzo 2018
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El general Andrés S. Viesca fue un gran coahuilense. Originario de Parras, Coahuila, gobernó el estado entre 1864 y 1867. Firmó la Constitución del Estado de Nuevo León y Coahuila en 1857, siendo diputado local. En defensa de la República reunió tropas y enfrentó a los franceses y ganó la batalla de Santa Isabel, cerca de su ciudad natal. Esta victoria marcó el inicio de la retirada de los invasores franceses en el norte y fue el primer presagio de su posterior derrota final, que termina con el fusilamiento de Maximiliano y sus generales en Querétaro y permite la restauración de la República y del Gobierno juarista. Gobernante de pensamiento y doctrina liberal, emitió, en 1867, la Ley de Instrucción Pública que creó al Ateneo Fuente, institución encargada de impartir la educación secundaria y “superior de facultades”, adelantándose a muchos otros estados del País, cuyos Gobiernos crearon posteriormente instituciones públicas para impartir educación laica a los jóvenes.

No obstante ser hijo adoptivo, don Andrés abrevó de la familia paterna la vocación política y siguió el camino de sus tíos Agustín y José María Viesca y Montes, el primero diputado y senador por su estado, y secretario de Gobernación en el Gobierno de Vicente Guerrero; diputado por Coahuila al Congreso Constituyente de 1856 el segundo, y ambos, gobernadores constitucionales de Coahuila.

Otra rama de los Viesca, de Parras, se distinguió por su vocación periodística y su vena literaria. En la segunda mitad del Siglo 19, destacó José Tomas Viesca, poeta, fundador del periódico “La Abeja” y autor de un extenso poema, “El Baile”, en el que describe a las señoritas saltillenses asistentes al baile por la reelección de Garza Galán en 1890, y para cada una de las damas tiene palabras luminosas. A principios del 20, surge Sergio R. Viesca, estudiante de preparatoria en el Ateneo Fuente y autor de algunos ensayos en la revista estudiantil “El Ateneo”, órgano de la Sociedad de Alumnos “Juan Antonio de la Fuente”.

En el número 1 de la revista “Vanguardia”, órgano del Grupo de Universitarios Coahuilenses “Pro-Acción Social”, publicada en el D.F. en marzo de 1934, me encontré un bello poema, “Paisaje de Parras”: “Lejos ya del zenit, con lento paso,/ brilla el sol como un disco de diamante, y pierde su raudal de oro flotante/ en la urna encendida del ocaso…”. Su autor: Andrés L. Viesca, hijo del gobernador coahuilense don Andrés S. Viesca. Fue diputado al Congreso del Estado en dos ocasiones y presidente municipal de Parras. Autodidacta, destacó por su gran inteligencia y cultura. Murió en la Ciudad de México, unos días después de publicada la dicha revista.

En la búsqueda de información sobre este Andrés L. Viesca, me topé con un texto del cronista de Saltillo, Armando Fuentes Aguirre “Catón”, en el que describe un curioso encuentro de ajedrez en la capital, antes de finalizar el Siglo 20, entre dos destacados jugadores: el inmortal poeta cubano José Martí, que por entonces vivía en México, y un niño de siete años, Andrés Ludovico Viesca.

Al presentarle a su adversario, el gran patriota cubano pensó que le ganaría fácilmente. Le dio la mano al niño con gran solemnidad y le cedió las blancas, es decir, el derecho de iniciar el juego con el primer movimiento. A la mitad, Martí empezó a preocuparse seriamente por la mejor posición que el niño tenía en el tablero, y por más intentos que hizo de mejorar la suya, en la jugada 47 el chiquillo le dio mate, con gran júbilo del público y del mismo adversario. La fama del niño ajedrecista se extendió. El campeón nacional de ajedrez en aquel tiempo, cuenta que lo vio jugar dos partidas simultáneas y vencer a los dos aficionados que se le enfrentaron. Andrés L. Viesca fue niño prodigio, y sensible poeta de su tierra.

Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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