Políticos y San Juditas

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Opinión
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El pasado 28 de octubre, un grupo plural de actores políticos celebró el día de San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles o imposibles, en la catedral de Saltillo. Resultó impresionante verlos hincados, con rostros devotos, rindiéndole tributo fervoroso.

Por un momento, sus diferencias políticas quedaron diluidas bajo el manto del santo. Todos cumplieron el protocolo definido por el canon sexenal: iban vestidos a la usanza vaquera. Y ninguno, por respeto a San Juditas, cabalgó hasta la catedral.

¡La izquierda ha muerto!

Sus sombreros de marca –Stetson El Presidente 100X Silverbelly, Stetson Diamante 1000X, The Golden Eagle 100X y Cuadra de pelo genuino de castor con diamantes, entre otros– descansaban en las bancas de la iglesia. Entonces empezó a sonar, a un volumen casi inaudible para no romper la magia divina del encuentro, la canción “San Judas Tadeo”, interpretada por Gerardo Díaz y su Gerarquía:

“Mi San Juditas Tadeo / te traigo lo que te debo: / estas flores y una banda. / Gracias por cuidarme tanto, / por bendecir mi trabajo / y a todos los de mi casa...”.

Todos permanecían cabizbajos, en actitud penitente. Parecían reconocer humildemente sus errores y pecados, dolerse de sus acciones y prometer una enmienda: cambiar de conducta, no reincidir y reparar el daño causado al prójimo o a sí mismos.

Cada quien llevaba su propia causa difícil. Y, si hubiéramos podido escuchar sus plegarias, serían estas:

Manolo Jiménez: “San Juditas del poder, que todos quieran crecer, pero que ninguno avance sin que yo lo deje hacer”.

Gabriel Elizondo: “San Juditas, que al abrirse las puertas de la sucesión me encuentren bien colocado y cerquita del bastón”.

Luz Elena Morales: “San Juditas de mi altar, que conducir el Congreso me abra una puerta mayor; ya sabré encontrarle acceso y sin pavor”.

Javier Díaz: “San Juditas, dame obras, buena imagen y paciencia; que la silla de Saltillo me acerque a una superior”.

Federico Fernández: “San Juditas, dame tino para procurar justicia y que, al llegar la sucesión, el Señor también procure mi porvenir”.

Carlos Villarreal: “San Juditas, que Monclova vuelva pronto a florecer; que sus frutos sean del pueblo y me ayuden a crecer. No me sueltes de la mano, ubícame, ni me dejes perder el suelo”.

Tomás Gutiérrez: “San Juditas, que en Ramos prospere cada inversión; que los empleos den frutos y mi trabajo, la reelección”.

Jericó Abramo: “San Juditas, tú que sabes cuánto cuesta la paciencia, que al repartir candidaturas pesen mi capacidad y mi experiencia”.

Luis Fernando Salazar: “San Juditas de las encuestas –en las que ningún morenista confía cuando no le favorecen–, ilumina al encuestador; que, cuando pregunten nombres, salga yo de vencedor”.

Cecilia Guadiana: “San Juditas, que el apellido me abra paso en el camino, pero que mi nombre propio sea el que marque mi destino, pese al peso de mi ‘Joni’ Ameriquito”.

Antonio Attolini: “San Juditas, dame votos como me das histrionismo, verborrea y discusión; que los aplausos en redes se conviertan en elección. Imagíname de diputado federal. ¡Plis, plis, plis!”.

Gerardo Aguado: “San Juditas, cuida al PAN y fortalece sus colores; que, al sentarse a negociar, todavía nos tomen en cuenta los negociadores. No nos dejes esfumarnos en el horizonte”.

Guillermo Anaya: “San Juditas, no permitas que me den por terminado; todavía tengo una vela y un proyecto reservado. Por si las dudas, las canas ya me he pintado”.

Ricardo Mejía: “San Juditas de las causas en chino mandarín, que la próxima candidatura a la gubernatura no vuelva a exigir que me haga a un lado. Hazme ese milagrito tigresco para no ser un minino eterno”.

Gerardo Díaz y su Gerarquía seguían cantando: “Gracias por siempre escucharme / y por darme tanto... / Y en este día de tu santo / por eso te canto...”.

¡Lo siento!

Terminadas las plegarias, todos dijeron amén.

Salazar recogió su Stetson El Presidente 100X Silverbelly; Attolini, su Stetson Diamante 1000X; Cecilia, su The Golden Eagle 100X; y Mejía Berdeja, su Cuadra de pelo genuino de castor con diamantes.

Mientras se acomodaban los sombreros, recordaban aquella afirmación del senador Fernández Noroña: la austeridad republicana era una política pública para el gobierno, no una obligación moral ni una exigencia para la vida privada de los políticos.

San Juditas los miró con entrañable compasión, les deseó suerte y los bendijo en silencio.

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Columna: Panóptico

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