‘Por la resistencia venceremos’

Opinión
/ 15 febrero 2022
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Bueno sería que la juventud tuviera la certeza del poder
que reside en la grandeza del espíritu humano para salir
adelante ante toda posible desesperanza

Esta colaboración lleva de nombre una cita de Ernest Henry Shackleton, quien nació en Irlanda el 15 de febrero de 1874, y llegó a ser uno de los más notables exploradores de la Antártida.

Shackleton consideraba que las dificultades eran, simplemente, realidades a superar. El legendario explorador no era un hombre que exageraba, ni dramatizaba, simplemente tomaba las circunstancias como venían, buenas o malas y siempre las salvó con valentía y dignidad.

Admirable fue siempre su perseverancia ya que, a pesar de las derrotas y contratiempos, perseveró hasta el límite, en sus palabras: “Habíamos sufrido, muertos de hambre triunfamos, humillados pero aferrados a la gloria, crecidos en la grandeza del todo. Habíamos visto a Dios en su esplendor, escuchado el texto que da la Naturaleza. Habíamos llegado al alma desnuda del hombre”.

LA AVENTURA

¿Quién, en su sano juicio, aceptaría un trabajo con el siguiente ofrecimiento? “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Pues este anuncio se publicó en el periódico europeo Times a principios del siglo XX, y respondieron más de cinco mil aspirantes, personas comunes y corrientes que querían ser parte no solo de un trabajo incierto, sino también de un resultado que era totalmente dudoso, hombres que tal vez sabían que su propia trascendencia y felicidad era consecuencia de los que se atreven a vivir plenamente, intensamente.

El reclutador para tal azaroso trabajo era, precisamente, Ernest Shackleton, que buscaba personas valientes para conformar la tripulación del Endurance “La Resistencia” y el Aurora, navíos que intentarían explorar la Antártida.

Esta aventura “Expedición Imperial Transantártica” representaba el tercer intento para conquistar este ignorado y misterioso territorio y, a pesar de no haber logrado el objetivo, es considerada como una de las expediciones más fantásticas de todos los tiempos. Se le refiere como una historia de supervivencia fuera de serie, no solo por el hecho de tratar de conquistar lo desconocido, por los peligros de los mares bravíos y las aguas congeladas, sino por la lección de responsabilidad, valentía, capacidad de resiliencia y humanidad que el inigualable explorador Shackleton legó al mundo.

DESTINO INCIERTO

La expedición partió de Londres el 1 de agosto de 1914, en los albores de la primera guerra mundial. El explorador intentaría llegar al Mar de Weddell, para arribar al polo Sur, y luego continuar hasta la isla de Ross en el otro extremo de la Antártida.

El navío paró en Argentina para luego viajar hacia lo desconocido. Días después el barco se topó con hielo, maniobró exitosamente, pero quedó totalmente varado. El navío denominado “Endurance” (Resistencia) soportó la presión durante 9 meses, hasta que se hundió ante los ojos impávidos de la tripulación, heredándoles descobijo y un futuro incierto.

PERDIDOS

Shackleton sabía que había pocas esperanzas de un rescate, ya que el mundo sabía que su travesía sería larga, además de que no había comunicaciones desde esos lejanos lugares, por lo que, en el mejor de los casos, los equipos de rescate no tendría ninguna idea de dónde buscarlos en la vasta inmensidad del mar polar; por tanto, si querían sobrevivir, sería a través de su propios recursos y estrategias de sobrevivencias, y de un arduo e inimaginable trabajo que iba a requerir sentido de equipo, prudencia, paciencia, ideas creativas y pasión por la vida.

TRABAJO COLABORATIVO

Shackleton jamás perdió su objetivo final: salvar a todos sus hombres, pero mantuvo objetivos claros de sobrevivencia al corto plazo; entonces decidió dividir el grupo en dos equipos, el primero que él mismo lideraría atravesaría la Antártida, y el otro, esperaría a ser rescatado por el primero cuando este último encontrara la ayuda necesaria.

Las bitácoras de la tripulación muestran que el explorador estableció actividades a sus hombres para que no cayeran en la desesperación y desolación, las cuales implicaban centrase en la obtención de alimentos a través de la caza.

Sin duda, tuvo la capacidad de vencer la realidad mediante el optimismo y confianza que supo compartir con sus hombres, sin dejar de comprender los riesgos, tenía claro que la sobrevivencia sólo se ganaría manteniendo la confianza y la esperanza de cada uno de los exploradores, y a pesar de que todos tenían ideas y propuestas diferentes, él pudo mantener el liderazgo gracias a su excelente estado de ánimo y al trabajo colaborativo.

Como ejemplo de liderazgo y humanidad se encuentra el testimonio de Frank Wild, un miembro de la tripulación, quien comentó: “Shackleton, en privado, me forzó a aceptar la galleta de su desayuno, y me hubiera dado otra esa noche si yo lo hubiera permitido. No creo que nadie en el mundo pueda valorar cuánta generosidad y empatía ha mostrado con este gesto: yo sí, y juro por Dios que nunca lo olvidaré. Miles de libras no hubieran podido comprar esta galleta”.

PACIENCIA

Sencillamente iba a ser imposible llevar los equipos a cuestas, por lo que el explorador decidió quedarse con sus hombres sobre un gran témpano de hielo y dejar que las corrientes marinas los llevaran hacia el norte. Increíblemente lograron sobrevivir cazando focas, hasta que el hielo empezó a quebrarse; entonces, decidió navegar con los botes hacia la Isla Elefante y después de 3 mil 500 kilómetros de recorrido y 16 meses a la deriva pudieron arribar a tierra firme.

CRUCIAL DECISIÓN

El explorador sabía que en esa isla no iban a ser rescatados, por lo que tomó uno de los botes con cinco de sus mejores navegantes para emprender un viaje de mil 300 kilómetros, siendo su nuevo objetivo la isla Georgia del Sur, ya que ahí sabía se encontraba “Stromness” una estación ballenera noruega.

Habían transcurrido 17 días de navegación con peligros impensables, cuando finalmente arribaron a su destino: una playa al sur de la isla Georgia del Sur.

Sólo requerían avanzar 40 kilómetros para alcanzar su salvación, pero la mala noticia era que esta travesía incluía una cordillera inhóspita, de más de mil 200 metros de altura, que por su naturaleza y clima extremo, requería de equipos especiales para atravesarla; por esta razón Shackleton decidió seleccionar sólo a dos de los exploradores para intentar llegar a la estación noruega. Y así, después de dos larguísimos días, escucharon la sirena matutina de la estación.

Pero su odisea estaba lejos de concluir: requería establecer nuevas estrategias para el rescate de los hombres que había dejado atrás y que lo esperaban: primero recogerían a los hombres que quedaron en la costa sur y después partirían en un ballenero hacia la isla Elefante para rescatar al resto de la expedición, este viaje estuvo también repleto de retos y retrocesos debido al frío clima y al hielo que impedía el avance de la embarcación.

‘¿ESTÁN TODOS BIEN?’

El 30 de agosto de 1915, Shackleton arriba a la Isla Elefante. Desde cubierta empieza a contar a los hombres que, sorprendidos, veían llegar a la embarcación. Al tocar la playa les grita esas palabras que aún hoy resuenan en las memorias de las grandes expediciones: “¿Están todos bien?”, la respuesta termina con su angustia: “Todos a salvo, todos bien”.

Fueron 634 días, todos ellos extenuantes y peligrosos, lo que duró la expedición, pero lo extraordinario fue que Shackleton, gracias a su persistencia y liderazgo, salvó a todos sus hombres.

LIDERAZGO

Algunos erróneamente, consideraron que la expedición fue un total fracaso por no cumplir con el propósito para el que fue planeada: no hubo hallazgos científicos, tierras para reclamar, ni beneficios tangibles para los inversionistas; pero esta hazaña de supervivencia representa una enorme enseñanza del significado que tiene el sacrificio, el trabajo colaborativo, la grandeza del espíritu humano y el sentido genuino del liderazgo.

Shackleton asumió un liderazgo basado en la humildad, el bien común y el espíritu de servicio; ese que en muchas ocasiones se esconde bajo aparentes fracasos, ese auténtico liderazgo del cual carecen la mayoría de nuestros gobernantes.

Bueno sería que la juventud tuviera la certeza del extraordinario poder que reside en la grandeza del espíritu humano para salir adelante ante toda posible desesperanza o desgracia. Que bueno sería que cada joven asumiera el liderazgo que tiene como principio esas benditas palabras que Shackleton pregonó y que generan milagros cuando se hacen realidad: “Por la resistencia venceremos”.

(https://www.youtube.com/watch?v=8jni4yqqwYU).

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