¿Por qué no se votó? Conversación vespertina lloviznada
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‘La votación es magnífica para elegir funcionarios bien conocidos, a quien le vas a dar un mandato para bien común. Pero para magistrados y jueces es equivocarse si usas el mismo procedimiento’
El subibaja del termómetro ha medido los cambios climáticos mañaneros.
No han tenido ninguna consistencia. Cuello de tortuga bajo la camisa veraniega al fresco amanecer y, después, sólo camisa sin camiseta. Y en casa, sólo camiseta sin camisa, aunque con ventilador apagado, después de la llovizna vespertina. Y es domingo de Ascensión y día de eso que llamaron “votación”.
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DEDOS SIN TINTA
Están ante el café los dos amigos. Ninguno trae tiznado el dedo.
− Veo que no fuiste a la casilla −empieza José la conversación−. Están en el café vespertino, mientras cae, sin exceso, la llovizna refrescante.
− Tú tampoco −responde Antonio, observando los dedos sin tinta de su interlocutor y adivinando su pregunta subrepticia. Por eso lanza su respuesta que quiere explicar y describir.
− No es que me lo impidiera ni el clima caluroso ni la lluvia que anunciaba esta llovizna. Soy ciudadano, pero me hubiera sentido culpable de ir a decir mi preferencia para decisiones y aclaraciones magisteriales o para dictámenes en juicios de conflictos jurídicos sin tener más información que los nombres y los números que les tocaron a los aspirantes. No podría yo ni numerar ni nombrar sin mentir. Indicaría como aceptable una aptitud que no me consta.
− Es cierto lo que dices, Toño −interrumpe José−. Si yo hubiera ido no tendría tampoco el dedo pintado, sino manchado. Exhibiría falso cumplimiento democrático y hubiera ido sólo mostrando engaño dramático. Yo no vi campaña, información, debate que me sirviera de base para decir: “este sí o este no”.
¿RESPIRAR CON EL HÍGADO?
El café, a tragos intercalares, parece lubricante de la charla amigable y sincera.
Antonio acepta que le sirvan una nueva taza, y afirma:
− ¿Sabes qué, Pepe? Yo creo que lo que pasó es que se quiso respirar con el hígado, que se quiso digerir con el riñón y no con el estómago. La votación es magnífica para elegir funcionarios bien conocidos, a quienes les vas a dar un mandato para bien común. Pero para magistrados y jueces es equivocarse si usas el mismo procedimiento. La aptitud, la destreza y la capacidad no las detecta una elección popular, sino una trayectoria de resultados y un peritaje especializado que haga pasar al pretendiente por las pruebas necesarias.
Ambos amigos, con los dedos pulgares limpios, contemplaron la llovizna, más calmada, mientras remojaban un panecillo, antes de pagar el café y salir corriendo hacia el automóvil de José, que había invitado a Toño al café...
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APRENDIZAJE JUVENIL
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