¿Quién subestima a la Presidenta?
Una apuesta encubierta que mostrará sus alcances o se estrellará con otro estilo del poder presidencial
Cuando se acerca ya el primer cuarto del sexenio del gobierno Sheinbaum, un fantasma recorre gubernaturas, dirigencias partidistas del oficialismo, liderazgos en el Congreso e incluso oficinas del gabinete. Es el fantasma del desafío a Palacio. Es la tentación de subestimar a la Presidenta. Una apuesta encubierta que mostrará sus alcances o se estrellará con otro estilo del poder presidencial, en el breve plazo de los siguientes meses, rumbo a la definición de candidaturas para el 2027.
Gobernadores emanados de Morena mismo no tienen reparo en alegar, durante reuniones con colaboradores, que consultan en forma regular y acatan sugerencias del expresidente López Obrador; en especial, aquellos que acompañaron al tabasqueño durante su larga marcha hacia la conquista del poder en 2018. Otros más, en entidades clave, alientan al sector duro del obradorismo, que encarna Andrés Manuel “Andy” López Beltrán, el hombre fuerte del partido oficial, quien usa a personeros para remover o nombrar funcionarios locales o dispone la asignación de contratos públicos estatales con tan solo una llamada telefónica.
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Está a la vista la rebelión en proceso de esa empresa familiar denominada Partido Verde, bajo poder unipersonal de Jorge Emilio González, virtuoso en la negociación con el gobierno en turno, quien conquistó bajo su alianza con Morena un enclave en el Congreso y en dos estados cuyo gobierno le fue cedido: San Luis Potosí y Quintana Roo. Pero ahora está plantado en sabotear una reforma electoral —bajo la firma de Sheinbaum Pardo— que limitaría su modus operandi y pretende imponer candidaturas para el relevo en las gubernaturas de esas entidades.
En la entidad del sureste, la jefatura de González Martínez, patrón único del Verde, se ha traducido en una infiltración tóxica del gobierno que encabeza la morenista María Elena Lezama y antes, bajo la administración de Carlos Joaquín González, actual embajador en Canadá. Desde principios de esta década, dirigentes, legisladores y alcaldes ligados al Verde en el estado han sido señalados de vínculos con el crimen organizado vía el narcotráfico y la trata de migrantes cubanos, entre otros negocios.
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En lo que toca precisamente al nepotismo, quizá una de las taras políticas que más repudia Sheinbaum Pardo, dos causas están a la vista: las pretensiones de los gobernadores de Nuevo León, el emecista Samuel García, y de San Luis Potosí, el pevemista Ricardo Gallardo, de colocar como sucesoras a sus esposas.
Debe destacarse el desafío del mandatario potosino Gallardo Cardona, que tiene raíces nutridas por complicidades singulares. Producto él mismo del nepotismo de su padre para relevarlo como alcalde del municipio potosino de Soledad (2012-2014), en 2021 —luego de que en 2015 estuvo encarcelado por diversos cargos federales— logró la aquiescencia del entonces dirigente de Morena, Mario Delgado, para hacerse de la postulación a la gubernatura, en un proceso que dejó a Morena en el tercer sitio, trago amargo que repitió en 2024.
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Uno de los principales operadores internos de Gallardo es Héctor Serrano, quien, como funcionario clave de la administración de Miguel Mancera en la Ciudad de México (2012-2017), fue acusado de violentar las elecciones locales de 2015 por López Obrador, a la sazón líder de Morena. A Serrano se le consideró también adversario político de quien sería candidata a la jefatura de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ahora presidenta. Gallardo dio cobijo a Serrano y lo ha promovido hasta colocarlo hoy como líder del Congreso local y coordinador de la bancada del Verde.
En su libro “Diario de una transición histórica”, Sheinbaum Pardo lamentó el episodio político vivido en San Luis Potosí ante la ruptura de la alianza Morena-PVEM. “Es una lección que no debemos olvidar para la elección de 2027”, escribió. En tiempos en que se le pretende subestimar, esa frase admite hoy en día varias lecturas.