Reimaginar el constitucionalismo: volver a encontrarnos alrededor de lo constitucional. Congreso Mundial de Derecho Constitucional en la Universidad Externado de Colombia
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La pregunta que discutieron es la misma que hoy examina la Corte Interamericana de Derechos Humanos: ¿qué significaría reconocer la democracia como un derecho humano?
Por Alejandra Osorio Alvis
Más de 2 mil 400 personas se reunieron durante cinco días en la Universidad Externado de Colombia bajo el tema “Constitucionalismo sostenible: respuestas para un mundo cambiante”. El título terminó siendo también un método: la Universidad decidió que ser sede de un congreso de esta magnitud no era sólo un honor académico, sino una responsabilidad práctica, y alineó hasta su logística (el manejo de residuos, el abastecimiento con productores locales) con la misma idea de sostenibilidad que se discutía puertas adentro. Detrás de ese lema, sin embargo, había una pregunta que ninguna Constitución responde por sí sola: si el derecho constitucional todavía tiene categorías capaces de nombrar un mundo que cambia más rápido de lo que el derecho logra describir.
La cifra no es menor. Fue la edición más numerosa en la historia de la Asociación Internacional de Derecho Constitucional (IACL), que convoca este Congreso cada cuatro años desde 1983: Belgrado, París, Varsovia, Tokio, Rotterdam, Santiago, Atenas, Ciudad de México, Oslo, Seúl y Johannesburgo. Por primera vez en más de cuatro décadas le tocó a Colombia. Que la Universidad Externado haya ganado esa sede y que la haya sostenido con cuatro plenarias, 186 mesas de trabajo y 74 actividades académicas paralelas, dice algo que vale la pena subrayar: que la academia colombiana puede convocar al mundo, no sólo recibirlo.
Estuve ahí, como ponente en una mesa de trabajo y como asistente, entre delegaciones de distintas partes del mundo, incluida la de la Academia Interamericana de Derechos Humanos (AIDH), discutiendo, durante cinco días, los mismos interrogantes sobre cómo reimaginar el debate constitucional, bajo temas distintos: democracia, Estado de derecho, derechos humanos, deberes frente al poder privado, justicia transicional, crisis climática, populismo, entre otros. Pero el balance real de un congreso así no está en la lista de sus plenarias ni en el catálogo de sus mesas; está en los momentos en que esas preguntas dejaron de ser abstractas.
Uno de esos momentos ocurrió la tarde del 8 de julio, cuando el Congreso hizo algo que nunca había hecho: convocó un minipúblico. Cerca de 100 especialistas en derecho constitucional, elegidos al azar entre los más de dos mil participantes, se sentaron durante varias horas, repartidos en ocho mesas bilingües. La pregunta que discutieron es la misma que hoy examina la Corte Interamericana de Derechos Humanos: ¿qué significaría reconocer la democracia como un derecho humano? No hubo ponencias ni citas de autoridad. Hubo, simplemente, deliberación horizontal entre juristas de tradiciones distintas.
Esa es, me parece, la lección más genuina que deja este Congreso: la deliberación horizontal y la fraternidad como lugar común de lo constitucional –tal como la profesora Farrah Ahmed reivindicó en una de las plenarias– se sintieron a lo largo de esos cinco días en los pasillos, en las mesas de trabajo, en el minipúblico y en las conversaciones del Externado. Reimaginar el constitucionalismo también consiste en eso: en volver a encontrarnos alrededor de lo constitucional.
Gracias a la Universidad Externado de Colombia: al rector, Hernando Parra Nieto; a la decana de la Facultad de Derecho, Emilsen González de Cancino; al director del Departamento de Derecho Constitucional, Humberto Sierra Porto; y a las codirectoras del Congreso, Magdalena Correa Henao y Paula Robledo Silva, junto con todo el equipo que lo hizo posible. Gracias, sobre todo, por recibirme en la Universidad Externado de Colombia, donde me formé y donde este Congreso se sintió como volver a casa.
La autora es investigadora del Centro de Estudios Constitucionales Comparados de la Academia Interamericana de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Coahuila
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH